Me Viene, Hay Días, Una Gana Ubérrima…
Me viene, hay días, una
gana ubérrima, política, de querer, de besar al
cariño en sus dos rostros, y me viene de lejos un
querer demostrativo, otro querer
amar, de grado o fuerza, al que me odia, al que
rasga su papel, al muchachito, a la que llora por el que
lloraba, al rey del vino, al
esclavo del agua, al que ocultóse en su ira, al que suda, al que pasa,
al que sacude su persona en mi alma. Y quiero, por lo tanto,
acomodarle al que me habla, su
trenza; sus cabellos, al soldado; su luz, al grande; su
grandeza, al chico. Quiero planchar
directamente un pañuelo al que no puede
llorar y, cuando estoy triste o
me duele la dicha, remendar a los niños y a
los genios. Quiero ayudar al bueno a
ser su poquillo de malo y me urge estar sentado a la diestra del zurdo, y
responder al mudo, tratando de serle útil en lo que puedo, y también
quiero muchísimo lavarle al cojo el pie, y ayudarle a dormir al
tuerto próximo. ¡Ah querer, éste, el mío,
éste, el mundial, interhumano y parroquial,
provecto! Me viene a pelo, desde el…