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2 Reyes, I, 26 Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe.
Cantiga provenzal «Yo fui el verdadero Teobaldo de Montagut, barón de Fortcastell. Noble o villano, señor o pechero, tú, cualquiera que seas, que te detienes un instante al borde de mi sepultura, cree en Dios, como yo he creído, y ruégale por mí».
La puerta del restaurante de Henry se abrió y entraron dos hombres que se sentaron al mostrador.
Por Hermanos Grimm Un labrador tenía dos hijos, el mayor de los cuales era muy listo y entendido, y sabía muy bien a qué atenerse en todo, pero el menor era tonto y no entendía ni aprendía nada, y cuando le veían las gentes decían:
Una historia italiana Es bien sabido que el odio entre familias y las luchas de facciones, que a menudo desembocaban en derramamientos de sangre en las ciudades italianas durante la Edad Media, tan vívidamente descritas por Shakespeare en Romeo y Julieta, no se limitaban a los Montecchi y los Capelletti de Verona, sino que existían con igual animosidad en casi todas las demás ciudades de aquella hermosa península.
Celebramos con una copita de vino los 97 años del célebre cuentista Julio Ramón Ribeyro. Aunque ya no esté en este mundo, su legado literario sigue deslumbrando a nuevas generaciones.
Todo empieza cuando los dioses están reunidos dirimiendo el destino de Odiseo, rey de Ítaca. Atenea, diosa de la guerra, señala que el héroe está atrapado por la ninfa Calypso, y ésta se encuentra tan encandilada por él que lo quiere como esposo. Después de una deliberación en la que los dioses se compadecen de Odiseo, bueno, casi todos, salvo Poseidón, que estaba resentido con el rey de Ítaca, los olímpicos deciden que el héroe debe ser liberado de inmediato.
Para Rodrigo Pinto y María y Andrés Braithwaite Lo que son las cosas, Mauricio Silva, llamado el Ojo, siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende.
Jorge Luis Borges en el Café de Los Huérfanos durante su visita a Lima en 1965. Jorge Luis Borges estaba casi ciego cuando bajó del avión en el aeropuerto internacional “Jorge Chávez”. Era el 25 de abril de 1965. Lima andaba entre la modernidad y el tradicionalismo; así la vio el escritor argentino, quien desde esos años se convirtió en el eterno candidato al Premio Nobel de Literatura. Aquí los detalles de esa inolvidable visita.
Érase una vez un molinero que tenía una hermosa hija. Cuando la joven creció, el molinero deseó verla bien situada y casada. Pensaba: «Si se presenta un pretendiente respetable y pide su mano, se la daré». Poco después se presentó un pretendiente que parecía muy rico y, como el molinero no encontró nada que reprocharle, le prometió la mano de su hija. Pero la muchacha no lo amaba como una novia debe amar a su prometido. Tampoco le inspiraba confianza: cada vez que lo veía o pen…
El invierno se precipitó un domingo a la salida de misa. La noche del sábado había sido sofocante. Pero aún en la mañana del domingo no se pensaba que pudiera llover. Después de misa, antes de que las mujeres tuviéramos tiempo de encontrar el broche de las sombrillas, sopló un viento espeso y oscuro que barrió en una amplia vuelta redonda el polvo y la dura yesca de mayo. Alguien dijo junto a mí: “Es viento de agua”. Y yo lo sabía desde antes.
Miguel María Grau Seminario nació en Paita el 27 de julio de 1834 y murió en Punta Angamos el 8 de octubre de 1879. Fue un marino militar y político peruano, hijo del teniente coronel Juan Manuel Grau Berrío, de ascendencia catalana, y de Luisa Seminario del Castillo, descendiente de antiguas familias de la región.
Corría el año de 1979. Para mí, literalmente corría: me escapaba del colegio (corriendo, tras escabullirme por un hueco del alambrado), me fugaba de la casa de mis padres (corriendo por la bajada de los Cóndores, en las alturas de Chaclacayo), huía de mi soledad (corriéndomela).
En una nota que en estos momentos tengo a la vista, Charles Dickens dice lo siguiente, refiriéndose a un análisis que efectué del mecanismo de Barnaby Rudge: “¿Saben, dicho sea de paso, que Godwin escribió su Caleb Williams al revés? Comenzó enmarañando la materia del segundo libro y luego, para componer el primero, pensó en los medios de justificar todo lo que había hecho”.
En mi introducción al primer volumen de la serie Isaac’s Universe, mencioné brevemente que, al inventar un universo con múltiples especies inteligentes que sirviera de trasfondo para estos relatos, me había dejado influir por las historias de Galactic Patrol, de E. E. Smith.
En el viejo estadio nacional José Díaz —ahora ampliado y modernizado— viví de niño y luego de muchacho horas inolvidables. Con mi hermano vimos desfilar por la grama pelada de la cancha a los más renombrados clubes del fútbol de Argentina, Brasil y Uruguay. Y también del Perú, hay que decirlo, pues entonces teníamos grandes jugadores y equipos que realizaron hazañas memorables. En las Olimpiadas de Berlín del 36, para poner un ejemplo, estuvimos a punto de campeonar luego de vencer a Austria po…
