El anciano del puente - Ernest Hemingway

El anciano del puente - Ernest Hemingway
Un anciano con anteojos de armazón de acero y ropa llena de polvo estaba sentado a un lado del camino. Un puente de pontones atravesaba el río, y carros, camiones, hombres, mujeres y niños cruzaban en aquel instante. Los carros tirados por mulas se tambaleaban en la empinada orilla, al salir del puente, y los soldados prestaban ayuda empujando los radios de las ruedas. Los camiones subían y se alejaban rápidamente, y los campesinos caminaban con esfuerzo por la polvoreda, enterrándose hasta los tobillos. Pero el anciano permanecía en su sitio, sin moverse. Estaba demasiado cansado como para seguir adelante. Mi tarea consistía en cruzar el puente, explorar la cabeza del mismo y comprobar hasta qué punto había avanzado el enemigo. Después de realizar este trabajo, regresé por el puente. Ya no habían tantos carros, y muy poca gente cruzaba a pie, pero el anciano permanecía allí todavía. —¿De dónde viene usted? —le pregunté. —De San Carlos —respondió con una sonrisa. Era su pueblo natal y, po…