El horno viejo - José María Arguedas

El horno viejo - José María Arguedas
Dormía bien en la batea grande que había pertenecido al horno viejo. A su lado, sobre pellejos, dormía la sirvienta Facunda. Cerca del fogón, en una tarima hecha de adobes que en el día era utilizada como apoyo para los peones, dormía la cocinera, doña Cayetana. —Apesta a indio y cebolla —dijo el caballero, en la puerta de la cocina. Prendió un fósforo y llegó hasta la batea. Vio las ollas de barro y leña en el suelo, y agua sucia. No había obstáculo alguno para llegar a la batea: —¡Ah, candelas! Al diablo este le ponen buenos pellejos sobre la batea. El condenado siempre es condenado; como éste es blanquito, aunque esté de sirviente, aquí le sirven. Despertó al muchacho punzándolo con el bastón en la garganta. El bastón tenía punta de metal. Alumbraba aún el fósforo. —Levántate; acompáñame. El muchacho se levantó. Estaba vestido. Siguió al caballero. En el patio preguntó: —¿Adónde? —Adonde has de ser hombre esta noche. ¿Cuántos años tienes? —El 17 de febrero cumplí nueve. —Temprano hay que ser …