Exageró la nota - Antón Chéjov
EL agrimensor Gleb Gavrilovich Smirnov se apeó en la estación de Gñilushki. La finca a la cual se dirigía para efectuar el deslinde distaba aún unas treinta o cuarenta verstas, que tenía que recorrer a caballo. (Si el cochero está sereno y los caballos son de buena pasta, pueden calcularse unas treinta verstas; pero si el cochero se ha tomado cuatro copas y los caballos están fatigados, hay que calcular unas cincuenta). —Oiga, señor gendarme, ¿podría decirme dónde puedo encontrar caballos de posta? —le preguntó el agrimensor al gendarme de servicio en la estación. —¿Cómo dice? ¿Caballos de posta? Aquí no hay un perro decente en cien verstas a la redonda. ¿Cómo quiere que haya caballos? ¿Tiene usted que ir muy lejos? —A la finca del general Jojotov, en Devkino. —Pruebe al otro lado de la estación —dijo el gendarme, bostezando—. A veces hay mujiks que admiten pasajeros. En el patio. Con un suspiro, el malhumorado agrimensor pasó al otro lado de la estación. Tras muchas discusiones y regateos,…