Eróstrato - Jean-Paul Sartre
A los hombres hay que mirarlos desde arriba. Yo apagaba la luz y me ponía a la ventana: ni siquiera sospechaban que se les pudiera observar por encima. Cuidan la fachada, algunas veces la espalda, pero todos sus efectos están calculados para espectadores de un metro setenta. ¿Quién ha reflexionado nunca en la forma de un sombrero hongo visto desde un sexto piso? No se cuidan de defender sus hombros y sus cráneos con colores vivos y con géneros chillones, no saben combatir ese gran enemigo de lo Humano: la perspectiva de arriba abajo. Yo me asomaba y me echaba a reír: ¿dónde estaba, pues, esa famosa “estación de pie” de la que están tan orgullosos?, se aplastaban contra la acera y dos largas piernas semirrampantes salían abajo de sus hombros. En el balcón de un sexto piso: allí hubiera debido yo pasar toda mi vida. Es necesario apuntalar las superioridades morales con símbolos materiales, sin lo cual se desplomarían. Pero, precisamente ¿cuál es mi superioridad sobre los hombres? Una sup…