La venganza del cóndor - Ventura García Calderón
Nunca he sabido despertar a un indio a puntapiés. En un puerto del Perú, el capitán Gonzales quiso enseñarme esta triste habilidad. El indio dormía a la intemperie con la cabeza sobre una vieja silla de montar. Al primer contacto del pie, se irguió en vilo, desperezándose. Nunca he sabido si bajo el castigo miran con ira o con acatamiento Mas como él tardara un tanto en despertar a este mundo, de su dolor cotidiano, el militar le rasgo la frente de un latigazo. El indio y yo nos estremecimos; él por la sangre que goteaba en su rostro con lágrimas: yo porque llevaba todavía en el espíritu prejuicios sentimentales de bachiller en leyes. Detuve del brazo a este hombre enérgico y evite la segunda hemorragia.- Hacemos junto el viaje hasta Huaraz, mi doctorcito - me dijo guardando el látigo -Ya verá usted como se divierte con mi palurdo, un indio bellaco que en todas las chozas tiene comadres. Estuvo el año pasado a mi servicio y ahora el prefecto, amigo mío, acaba de mandármelo para que sea…