Un viaje - Felipe Pardo y Aliaga - Amantes de la literatura

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12.24.2022

Un viaje - Felipe Pardo y Aliaga



"Mi partida es forzosa: que bien sabes
que si pudiera yo no me partiera".
Lope de Vega

El ni帽o Goyito est谩 de viaje. El ni帽o Goyito va a cumplir cincuenta y dos a帽os; pero cuando sali贸 del vientre de su madre le llamaron ni帽o Goyito; y ni帽o Goyito le llaman hoy, y ni帽o Goyito le llamar谩n treinta a帽os m谩s, porque hay muchas gentes que van al pante贸n como salieron del vientre de su madre.

Este ni帽o Goyito, que en cualquier otra parte ser铆a un don Gregori贸n de buen tama帽o, ha estado recibiendo por tres a帽os enteros cartas de Chile en que le avisan que es forzoso que se transporte a aquel pa铆s a arreglar ciertos negocios interesant铆simos de familia que han quedado embrollados con la muerte s煤bita de un deudo. Los tres a帽os los consumi贸 la discreci贸n gregoriana en considerar c贸mo se contestar铆an estas cartas y c贸mo se efectuar铆a este viaje. El buen hombre no pod铆a decidirse ni a uno ni a otro. Pero el correspoinsal menudeaba sus instancias; y ya fue preciso consultarse con el profesor, y con el m茅dico, y con los amigos. Pues, se帽or, asunto concluido: el ni帽o Goyito se va a Chile.

La noticia corri贸 por toda la parentela, dio conversaci贸n y quehaceres a todos los criados, afanes y devociones a todos los conventos; y convirti贸 la casa en una Liorna. Busca costureras por aqu铆, sastre por all谩, fondista por acull谩. Un hacendado de Ca帽ete mand贸 tejer en Chincha cigarreras. La Madre Transverberaci贸n del Esp铆ritu Santo se encarg贸 en un convento de una parte de los dulces; Sor Mar铆a en Gracia, fabric贸 en otro su buena porci贸n de ellos; la Madre Salom茅 tom贸 a su cargo en el suyo las pastillas; una monjita recoleta mand贸 de regalo un escapulario; otras, dos estampitas; el Padre Florencio de San Pedro corri贸 con los sorbetes, y se encargaron a distintos manufactores y comisionados sustancias de gallina, botiqu铆n, vinagre de los cuatro ladrones para el mareo, camisas a centenares y pantal贸n para los d铆as fr铆os, chaqueta y pantal贸n para los d铆as templados, chaquetas y pantalones para los d铆as calurosos. En suma, la expedici贸n de Bonaparte a Egipto no tuvo m谩s preparativos.

Seis meses se consumieron en ellos, gracias a la actividad de las ni帽as (hablo de las hermanitas de Gregorio, la menor de las cuales era su madrina de bautismo), quienes sin embargo del dolor de que se hallaban atravesadas con este viaje, tomaron en un santiam茅n todas las providencias del caso.

Vamos al buque. Y ¿Qui茅n ver谩 si este buque es bueno o malo? ¡V谩lgame Dios! ¡Qu茅 conflicto! ¿Se le ocurri谩 al Ingl茅s don Jorge, que vivie en los altos? Ni pensarlo; las hermanitas dicen que es un b谩rbaro capaz de embarcarse en un zapato. Un catal谩n pulpero, que ha navegado de condestable en la Esmeralda, es, por fin, el perito. Le costean caballo, va al Callao, practica su reconocimiento y vuelve diciendo que el barco es bueno; y que don Goyito ir谩 tan seguro como en un nav铆o de la Real Armada. Con esta noticia calma la inquietud.

Despedidas. La calesa trajina por todo Lima ¿Conque se nos va usted? ¿Conque se decide usted a embarcarse? ... ¡Buen valorazo! Don Gregorio se ofrece a la disposici贸n de todos: se le ba帽an los ojos en l谩grimas a cada abrazo. Encarga que le encomienden a Dios. A 茅l le encargan jamones, dulces, lenguas y cobranzas. Y ni a 茅l le encomienda nadie a Dios, ni 茅l se vuelve a acordar de los jamones, de los dulces, de las lenguas ni de las cobranzas.

Llega el d铆a de la partida. ¡Qu茅 bulla! ¡Qu茅 jarana! ¡Qu茅 Babilonia! Ba煤les en el patio, cajones en el dormitorio, colchones en el zagu谩n, diluvios de canastos por todas partes. Todo sale, por fin, y todo se embarca, aunque con bastantes trabajos. Marcha don Gregorio, acompa帽ado de una numerosa caterva, a la que pertenecen tambi茅n, con pendones y cord贸n de San Francisco de Paula, las amantes hermanitas, que s贸lo por el buen hermano pudieron hacer el horrendo sacrificio de ir por primera vez al Callao. Las infelices no se quitan el pa帽uelo de los ojos, y lo mismo le sucede al viajero. Se acerca la hora del embarque, y se agravan los soponcios. ¿Si nos volvemos a ver? ... Por fin, es forzoso partir; el bote aguarda. Va la comitiva al muelle: abrazos generales, sollozos, los amigos separan a los hermanos: "¡Adi贸s hermanitas m铆as!" "¡Adi贸s, Goyito de mi coraz贸n! La alma de mi mam谩 Chombita te lleve con bien".

Este viaje ha sido un acontecimiento notable en la familia; ha fijado una 茅poca de eterna recordaci贸n; la constituido una era, con la cristiana, como la de la H茅gira, como la de la fundaci贸n de Roma, como el Diluvio Universal, como la era de Nabonasar.

Se pregunta en la tertulia: - ¿Cu谩nto tiempo lleva Fulana de casada? - Aguarde usted. Fulana se cas贸 estando Goyito para ir a Chile... - ¿Cu谩nto tiempo hace que muri贸 el guardi谩n de tal convento? - Yo le dir茅 a usted; al padre guardi谩n le estaban tocando las agon铆as al otro d铆a del embarque de Goyito. Me acuerdo todav铆a que se las rec茅, estando enferma en cama de resultas del viaje al Callao... - ¿Qu茅 edad tiene aquel jovencito? - D茅jeme usted recordar. Naci贸 en el a帽o de ... Mire usted, este c谩lculo es m谩s seguro, son habas contadas: cuando recibimos la primera carta de Goyito estaba mudando de dientes. Conque, saque usted la cuenta...

As铆 viajaban nuestros abuelos; as铆 viajar铆an si se determinasen a viajar, muchos de la generaci贸n que acaba, y muchos de la generaci贸n actual, que conservan el tipo de los tiempos del Virrey Avil茅s, y ni a煤n as铆 viajar铆an otros, por no viajar de ning煤n modo.

Pero las revoluciones, hacen del hombre, a fuerza de sacudirlo y pelotearlo, el mueble m谩s liviano y port谩til; y los infelices que desde la infancia las han tenido por atm贸sfera, han sacado de ellas, en medio de mil males, el corto beneficio siquiera de una gran facilidad locomotiva. La salud, o los negocios, o cualesquiera otras circunstancias aconsejan un viaje. A ver los peri贸dicos. Buques para Chile. -Se帽or consignatario, ¿hay camarote? -Bien- ¿Es velero el bergant铆n? -Magn铆fico. -¿Pasaje? -Tanto m谩s cuanto. -Estamos convencidos.

-Chica, acom贸dame una docena de camisas y un almofrez. Esta ligera apuntaci贸n al abogado, esta otra al procurador. Cuenta, no te descuides con la lavandera, porque el s谩bado me voy. Cuatro letras por la imprenta, diciendo adi贸s a los amigos. Eh: lleg贸 el s谩bado. Un abrazo a la mujer, un par de besos a los chicos y agur. Dentro de un par de meses estoy de vuelta. As铆 me han ense帽ado a viajar, mal de mi grado, y as铆 me ausento, lectores m铆os, dentro de muy pocos d铆as.

Este y no otro es el motivo de daros mi segundo n煤mero antes que paguen sueldos.

No quisiera emprender este viaje; pero es forzoso. No sab茅is bien cu谩nto me cuesta el suspender con esta ausencia mis dulces coloquios con el p煤blico. Quiz谩 no suceder谩 otro tanto a la mayor parte de vosotros, que corresponder茅is a mi amistosa despedida exclamando: ¡Mal rayo te parta, y nunca m谩s vuelvas a incomodarnos la paciencia! En fin, sea lo que fuere, los enemigos y enemigas descansad de mi insoportable tarabilla; preparad vuestros viajes con toda la calma que quer谩is; hablad de la 贸pera como os acomode, idos a Amancaes como y cuando os parezca, bailad zamacueca y taco tendido, a roso y velloso, a troche y moche, a banderas desplegadas; haced cuanta tonter铆a os venga la mente: en suma, aprovechad estos dos meses. Los amigos y amigas tened el presente art铆culo por visita o tarjeta de despedida, y rogad a Dios me d茅 viento fresco, capit谩n amable, buena mesa y pronto regreso.

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