Cacos y canes - Julio Ramón Ribeyro

Cacos y canes - Julio Ramón Ribeyro
Santa Cruz tenía un sobrenombre: vecinos viejos lo llamaban Matagente. Esto era exagerado, pues los anales policiacos del barrio solo registraban un crimen, el de un chofer de taxi que descuartizó a una mujer y tiró sus restos por los acantilados. Mejor le hubiera caído el tilde de Robagente pues no hubo casa, al comienzo, que no fuera visitada por los cacos. La nuestra, entre otras, pues fue una de las primeras en edificarse, cuando el alumbrado público era incipiente y no había vigilancia policial. Ni sé cuántas veces nos robaron, cerca de diez en todo caso. Fueron robos menores en general, cosas que habíamos dejado en el jardín que rodeaba la casa —la manguera, algunas sillas, una bicicleta—. Bastaba que los ladrones pasaran por el muro que daba a la avenida Espinar para barrer con todo lo que había en el jardín. Pero a la casa misma entraron solo una vez y de pura suerte. En esa época papá había hecho construir un cuarto para la empleada separado del cuerpo de la casa, en un ángulo …