El inocente - José Watanabe

El inocente - José Watanabe
Bien voluntarioso es el sol En los arenales de Chicama. Anuda, pues, las cuatro puntas del pañuelo sobre tu cabeza Y anda tras la lagartija inútil Entre esos árboles ya muertos por la sollama. De delicadezas, la del sol la más cruel Que consume árboles y lagartijas respetando su cáscara. Fija en tu memoria esa enseñanza del paisaje, Y esta otra: De cuando acercaste al árbol reseco un fosforito trivial Y ardió demasiado súbito y desmedido Como si fuera de pólvora. No te culpes, quien iba a calcular tamaño estropicio! Y acepta: el fuego ya estaba allí, Tenso y contenido bajo la corteza, Esperando tu gesto trivial, tu mataperrada. Recuerda, pues, ese repentino estrago (su intraducible belleza) Sin arrepentimientos Porque fuiste tú, pero tampoco. Así En todo.