Don Antonio - José María Arguedas
Por la noche, cuando cruzaba la calle principal del pueblo para ir donde don Antonio, el camionero que lo llevaría a la costa, vio que dos jóvenes señores cantaban a dúo al pie de un balcón. Si duermo, contigo sueño, si despierto, pienso en ti. Fina estrella del cielo inclemente, si duermo, contigo sueño… Santiago siguió andando y escuchando. Cuando el camión pasó por esa misma calle, otra voz cantaba en tono alto. El chofer tuvo que frenar y pasar muy despacio por la estrecha vía. Traigo del cementerio una flor victoriosa de la muerte, te traigo una flor ardiente, todo el hielo y la negrura es solo mía… —¡Los sapos! —dijo el camionero—. Esos pendejos cantan letra antigua para engañar. ¡Pior que el ayla! —No es cierto, don Antonio. Todo es verdad. —La muchacha debe estar riéndose de esas mariconadas: “Traigo una flor del cementerio…”. Ahora en ese cementerio no hay sino excremento de lechuza. El motor apagó todos los ruidos externos. Era un camión inmenso en que don Antonio, el chofer, cargaba doc…