El dios del cuenco - Robert E. Howard

El dios del cuenco - Robert E. Howard
Arus, el guardia nocturno, aferró su ballesta con manos temblorosas y sintió unas gotitas de sudor pegajoso sobre su piel mientras contemplaba el horrible cadáver que yacía sobre el suelo resplandeciente. Es profundamente desagradable encontrarse con la Muerte a medianoche en un lugar solitario. El guardián se hallaba en un amplio corredor iluminado por enormes velas colocadas en los nichos que había en las paredes. Entre un nicho y otro, los muros aparecían cubiertos de tapices de terciopelo negro, y entre estos colgaban escudos y armas cruzadas con formas fantásticas. También había, aquí y allá, imágenes de extraños dioses; se trataba de figuras talladas en piedra o en maderas raras, o bien fundidas en bronce, hierro o plata, que se reflejaban tenuemente en el reluciente suelo negro. Arus sintió un escalofrío. Todavía no se había habituado al lugar, aunque llevaba varios meses trabajando allí como guardián. Era un lugar fantástico, un gran museo y galería de antigüedades que la gente …