El legado de Peabody Por H. P. Lovecraft y August Derleth I No conocí a mi bisabuelo, Asaph Peabody, a pesar que tenía ya cinco años cuando él murió en su vieja y vasta propiedad al noroeste de Wilbraham, Massachusetts. Recuerdo vagamente que en mi niñez estuve allí, en la época en que el viejo estaba enfermo; mi padre y mi madre subieron a su habitación, pero yo me quedé abajo, con la niñera, y nunca le vi. Decían que era rico, pero las riquezas con el tiempo pasan, puesto que incluso la piedra es mortal, y ciertamente no es de esperar que el simple dinero soporte los estragos de los impuestos que, cada vez mayores, menguan un poco las fortunas con cada muerte. Y hubo muchas muertes en nuestra familia, después de la de mi bisabuelo en 1907. Dos de mis tíos murieron: a uno lo mataron en el Frente Oeste, el otro se hundió con el Lusitania. Como un tercero había muerto antes que ellos, y ninguno de los tres se había casado, la propiedad recayó a la muerte de mi abuelo en 1919. Mi padre no era un hombre del cam…