El último fauno - Clemente Palma
A José S. Chocano Todo lo había invadido la religión cristiana desde hacía mucho tiempo. Los dioses del Olimpo habían renunciado honrosamente a la inmortalidad en la Tierra. El orgulloso Júpiter ¿para qué había de vivir si no había de reinar? Y lo mismo Venus, Saturno, Diana y Marte. Toda la excelsa raza abandonó la Tierra; unos dioses se embarcaron en el navío de Argos y fueron a cruzar los negros mares del abismo; otros fueron a llorar su destierro, sentados en el carro de la Osa, recorriendo el amplio camino de la Vía Láctea; y no pocos ocuparon un sitio en la barca de Carón, el viejo bogador de la Estigia. Los sátiros, envejecidos y degenerados, en vano trataron de sostenerse en las umbrías de los bosques; la nueva mitología triunfaba en todo el orbe; los pobrecillos eran arrojados hacia el Bóreas por la invasión. Algunos, en un arranque de altivez, se ahorcaron en las encinas de un monasterio. Otros quisieron capitular, y se pusieron al habla con San Antonio; le enviaron un mensaje…