"La duquesa de Palliano", de Stendhal
No soy un naturalista, y apenas si conozco el griego; mi principal propósito al venir a Sicilia no ha sido observar los fenómenos del Etna, ni aclarar, para mí o para los demás, todo lo que los viejos autores griegos han dicho sobre Sicilia. Buscaba en primer término el placer de los ojos, que es grande en este singular país. Dicen que se parece a África; pero lo indudable para mí es que solo por las pasiones devoradoras se parece a Italia. De los sicilianos sí que puede decirse que la palabra imposible no existe para ellos cuando los enardece el amor o el odio, y el odio, en este hermoso país, no proviene jamás de un interés de dinero. Observo que en Inglaterra, y sobre todo en Francia, se habla a menudo de la pasión italiana, de la pasión desenfrenada que se hallaba en Italia en los siglos dieciséis y diecisiete. En nuestros días, esa hermosa pasión ha muerto, muerto del todo en las clases que han caído en la imitación de las costumbres francesas y de los modos de obrar a la moda de …