Los peregrinos - Mary Shelley

Los peregrinos - Mary Shelley
El crepúsculo de uno de esos ardientes días de verano cuyo cielo sin nubes parece hablar al hombre de regiones más felices, ya había arrojado sus amplias sombras sobre el valle de Unspunnen, mientras los últimos rayos de un espléndido atardecer continuaban brillando en las cimas de las colinas circundantes. Poco a poco, sin embargo, los matices encendidos se hicieron más profundos; luego se tornaron cada vez más oscuros, hasta que finalmente cedieron ante los tonos aún más sobrios de la noche. Bajo una avenida de tilos que, por su tamaño y frondosidad, parecían casi coetáneos del suelo en que crecían, Burkhardt de Unspunnen paseaba de un lado a otro con paso inquieto, como si alguna pena reciente ocupara su mente atribulada. A veces se detenía con los ojos fijos en la tierra, como si esperara ver brotar de su seno el objeto de su contemplación; otras, alzaba la mirada hacia las copas de los árboles, cuyas ramas, suavemente agitadas por la brisa nocturna, parecían exhalar suspiros de co…