El mito de Eco y Narciso - Amantes de la literatura

Novedades

9.19.2022

El mito de Eco y Narciso


el-mito-de-eco-y-narciso.html

Eco era una joven ninfa de los bosques, parlanchina y alegre. Con su charla incesante entreten铆a a Hera, esposa de Zeus, y estos eran los momentos que el padre de los dioses griegos aprovechaba para mantener sus relaciones extraconyugales. Hera, furiosa cuando supo esto, conden贸 a Eco a no poder hablar sino solamente repetir el final de las frases que escuchara, y ella, avergonzada, abandon贸 los bosques que sol铆a frecuentar, recluy茅ndose en una cueva cercana a un riachuelo.

Por su parte, Narciso era un muchacho precioso, hijo de la ninfa Lir铆ope. Cuando 茅l naci贸, el adivino Tiresias predijo que si se ve铆a su imagen en un espejo ser铆a su perdici贸n, y as铆 su madre evit贸 siempre espejos y dem谩s objetos en los que pudiera verse reflejado. Narciso creci贸 as铆, hermos铆simo, sin ser consciente de ello, y haciendo caso omiso a las muchachas que ansiaban que se fijara en ellas. Tal vez porque de alguna manera Narciso se estaba adelantando a su destino, siempre parec铆a estar ensimismado en sus propios pensamientos, como ajeno a cuanto le rodeaba. 

Daba largos paseos sumido en sus cavilaciones, y uno de esos paseos le llev贸 a las inmediaciones de la cueva donde Eco moraba. Nuestra ninfa le mir贸 embelesada y qued贸 prendada de 茅l, pero no reuni贸 el valor suficiente para acercarse. Narciso encontr贸 agradable la ruta que hab铆a seguido ese d铆a y la repiti贸 muchas m谩s. Eco le esperaba y le segu铆a en su paseo, siempre a distancia, temerosa de ser vista, hasta que un d铆a, un ruido que hizo al pisar una ramita puso a Narciso sobre aviso de su presencia, descubri茅ndola cuando, en vez de seguir andando, tras doblar un recodo en el camino, qued贸 esper谩ndola. 

Eco palideci贸 al ser descubierta, y luego enrojeci贸 cuando Narciso se dirigi贸 a ella. —¿Qu茅 haces aqu铆? —¿Por qu茅 me sigues? —Aqu铆... me sigues... —Fue lo 煤nico que Eco pudo decir, maldita como estaba, habiendo perdido su voz.

Narciso sigui贸 hablando y Eco nunca pod铆a decir lo que deseaba. Finalmente, como la ninfa que era, acudi贸 a la ayuda de los animales, que de alguna manera le hicieron entender a Narciso el amor que Eco le profesaba. Ella le mir贸 expectante, ansiosa... pero su risa helada la desgarr贸. Y as铆, mientras Narciso se re铆a de ella, de sus pretensiones, del amor que albergaba en su interior, Eco mor铆a. Y se retir贸 a su cueva, donde permaneci贸 quieta, sin moverse, repitiendo en voz queda, un susurro apenas, las 煤ltimas palabras que le hab铆a o铆do... "Qu茅 est煤pida... qu茅 est煤pida... qu茅... est煤... pida...".

Y dicen que all铆 se consumi贸 de pena, tan quieta que lleg贸 a convertirse en parte de la propia piedra de la cueva...  Pero el mal que haces a otros no suele salir gratis... y as铆, N茅mesis, diosa griega que hab铆a presenciado toda la desesperaci贸n de Eco, entr贸 en la vida de Narciso otro d铆a que hab铆a vuelto a salir a pasear y le encant贸 hasta casi hacerle desfallecer de sed. Narciso record贸 entonces el riachuelo donde una vez hab铆a encontrado a Eco, y sediento se encamin贸 hacia 茅l. 

As铆, a punto de beber, vio su imagen reflejada en el r铆o. Y como hab铆a predicho Tiresias, esta imagen le perturb贸 enormemente. Qued贸 absolutamente cegado por su propia belleza, en el reflejo. Y hay quien cuenta que ah铆 mismo muri贸 de inanici贸n, ocupado eternamente en su contemplaci贸n. Otros dicen que, enamorado como qued贸 de su imagen, quiso reunirse con ella y muri贸 ahogado tras lanzarse a las aguas. En cualquier caso, en el lugar de su muerte surgi贸 una nueva flor a la que se le dio su nombre: el Narciso, flor que crece sobre las aguas de los r铆os, reflej谩ndose siempre en ellos.
Recuperado de: https://profesorgersonflores.blogspot.com/2025/02/el-mito-de-eco-y-narciso.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todos los comentarios son revisados antes de su publicaci贸n por el administrador.