El libro en blanco - Julio Ramón Ribeyro
De pura casualidad me encontré con Francesca en el Boulevard Saint-Germain y como hacía dos o tres años que no la veía y como según me explicó se había mudado a un departamento a dos pasos de allí subimos a su piso a tomar una copa. Era un departamento pequeño, con vista al bulevar, pero sin duda poca cosa comparado con la linda y amplia casa que tuvo en una época en Versalles, cuando aún estaba casada con el pintor Carlos Espadaña. Yo recordaba con simpatía los grandes almuerzos que se dieron en esa casa, almuerzos que se prolongaban hasta el atardecer y donde los veinte o treinta amigos que asistíamos, después de comer magníficamente y beber como condenados, terminábamos discutiendo a gritos en la terraza, jugando fútbol en el enorme jardín y algunos tumbados en el césped y durmiendo la siesta. Francesca me invitó una copa de Sancerre. Me contó que después de su divorcio se había instalado en ese pequeño departamento y se dedicaba al comercio del arte. Pero las cosas no iban muy bien,…