27 de julio de 1834: Nacimiento del Gran Almirante Miguel Grau, el “Caballero de los Mares”. - Amantes de la literatura

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7.27.2026

27 de julio de 1834: Nacimiento del Gran Almirante Miguel Grau, el “Caballero de los Mares”.


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Miguel María Grau Seminario nació en Paita el 27 de julio de 1834 y murió en Punta Angamos el 8 de octubre de 1879. Fue un marino militar y político peruano, hijo del teniente coronel Juan Manuel Grau Berrío, de ascendencia catalana, y de Luisa Seminario del Castillo, descendiente de antiguas familias de la región. La infancia de Miguel Grau transcurrió en Piura y más tarde en el puerto de Paita, cuando su progenitor fue nombrado visita de aduana.

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En 1843, siendo todavía un niño, Miguel se embarcó en una goleta comandada por Ramón Herrera, gran amigo de su padre, que hacía un viaje de Paita a Panamá. Lamentablemente, la embarcación naufragó y, a su regreso al hogar, su madre no estaba dispuesta a consentir ya nuevos embarques. Ingresó en el colegio de Nieto, en el cual, según uno de sus biógrafos, Fernando Romero Pintado, “Miguel se torna serio y reservado. En el colegio está siempre distraído, callado, casi hosco. Merodea por la playa apenas terminan las clases y en los días de vacaciones”.

Contaba 11 años cuando doña Luisa, su madre, aceptó que volviera a cruzar los océanos. Recorrió entonces todos los mares y, durante nueve años, según el historiador Alberto Tauro del Pino, el joven Grau “recorre mares de Asia, Europa y América en diversos transportes y aun en buques balleneros”. Al regresar al Perú en 1853, se radicó en Lima, donde fue alumno del poeta español Velarde y estudió para ingresar en la Marina.

En marzo de 1854, con 19 años, se convirtió en marino y vistió por primera vez el uniforme que cubriría de gloria. Navegó en los vapores Rímac, Vigilante y Ucayali antes de ser trasladado a la fragata Apurímac, donde sirvió con Lizardo Montero, otro ilustre marino piurano. Cuando prestaba servicio en la Apurímac, el comandante de esta nave apoyó la revolución del general Manuel Ignacio de Vivanco. Tras el fracaso del movimiento, y junto con otros jóvenes oficiales que formaban parte de la tripulación, Miguel Grau fue separado del servicio en 1858 y volvió a la marina mercante.

De marino a diputado:
Llamado nuevamente, regresó a la Marina en septiembre de 1863, casado ya con Dolores Cavero, quien le dio nueve hijos. Ascendió a teniente segundo y en diciembre del mismo año a teniente primero, para pasar pocos meses después a capitán de corbeta. Enviado a Europa para traer la corbeta Unión, llegó a Valparaíso en 1865, año en que fue ascendido a capitán de fragata, y desde el puerto chileno apoyó la revolución del coronel Mariano Ignacio Prado.

Siempre al mando de la corbeta Unión, participó en el combate naval de Abtao el 7 de febrero de 1866 y siguió hacia el sur hasta los canales de Chile, para esperar las nuevas naves adquiridas en Inglaterra. Cuando Prado, posponiendo a brillantes marinos peruanos, contrató al contralmirante norteamericano John Tucker para comandar la Armada, Grau protestó y presentó su renuncia, actitud que fue considerada como rebeldía. Fue preso en la isla de San Lorenzo y permaneció allí hasta que, después de un largo juicio, salió absuelto.

Pasó nuevamente a ejercer su profesión de marino en la actividad privada y tuvo el mando del vapor mercante Puno, propiedad de la Compañía Inglesa. A finales de 1867 regresó a la Marina en calidad de comandante del monitor Huáscar. En julio del año siguiente fue ascendido a capitán de navío y en abril de 1873 a capitán de navío efectivo, siendo después, durante siete meses, comandante general de la escuadra de evoluciones. Pasó luego a ocupar el alto cargo de comandante general de la Marina.

En 1872, al iniciarse la revolución de los hermanos Gutiérrez, Grau encabezó el pronunciamiento de la Marina en contra de la dictadura. Al no ser escuchado para reorganizar y modernizar la Armada, ingresó en la política y fue elegido diputado por Paita en el período comprendido entre 1876 y 1878.

La Guerra del Pacífico:
En 1879 estalló la Guerra del Pacífico, también llamada Guerra del Salitre. En aquella contienda, Perú y Bolivia se enfrentaron contra Chile por el control de la región situada al norte del desierto de Atacama, muy rica en salitre. El primer gran escenario del conflicto fue el mar, el único medio a través del cual podían desplazarse los ejércitos. Chile contaba con una escuadra superior a la del Perú, y la flota de Bolivia era inexistente. Cuando Chile declaró la guerra al Perú, Grau aceptó dirigir la primera división naval aun a sabiendas de la superioridad que tenía la escuadra chilena en tonelaje, número de barcos, cañones y espesor de blindaje, frente a la debilidad y mal estado de las unidades peruanas.

Durante seis meses, Miguel Grau, al mando del monitor Huáscar, lograría impedir el desembarco de las tropas chilenas en el territorio peruano. Inició su campaña en mayo del mismo año y en su primera acción, el combate naval de Iquique, hundió la corbeta chilena Esmeralda, capitaneada por Arturo Prat, que resistió heroicamente. Miguel Grau salvó a los náufragos, lo que hizo que uno de ellos, al llegar a la cubierta del Huáscar, gritara agradecido: “Viva el Perú generoso”.

El Huáscar realizó en los meses siguientes una serie de acciones sorprendentes frente a una escuadra tan poderosa como la chilena. Apresó transportes enemigos, requisó carbón de puertos chilenos y despistó constantemente a los buques enemigos que recorrían la costa en su busca. El congreso ascendió a Grau al grado de contralmirante en agosto de 1879.

El combate naval de Angamos:
En octubre de 1879, en la que iba a ser su última partida, el Huáscar zarpó del puerto de Iquique, donde el transporte Rímac había desembarcado tropas bajo su protección. Interceptó una embarcación al sur de Huasco y el día 5 se hallaba ya en la costa de Coquimbo, territorio chileno. La marina chilena había renovado los mandos y ordenado su flota en dos divisiones para capturar al ya famoso buque. Su plan tuvo éxito el 8 de octubre de 1879, cuando descubrieron al Huáscar en alta mar, frente a Punta Angamos, acompañado de la Unión, en viaje hacia el norte.

La flota chilena, formada por seis barcos, todos ellos superiores al Huáscar en blindaje y potencia de fuego, formó un círculo para batirse con el buque insignia de la marina peruana. Grau ordenó a la Unión retirarse para distraer la flota enemiga, lo que se logró en parte porque dos corbetas chilenas salieron en su persecución. La Unión fue más rápida y consiguió escapar; el Huáscar, en cambio, fue encarado por el Cochrane, que con sus poderosos cañones logró perforar el blindaje del casco y la torre de mando.

El comandante Grau murió despedazado. El mando pasó a Elías Aguirre, que también murió. Correspondió el turno al teniente primero Melitón Rodríguez. Caído también él, tocó el mando al teniente Pedro Garezón, quien conversó brevemente con tres oficiales que quedaban vivos y ordenó hundir la nave porque ya se encontraba inmovilizada. Los maquinistas abrieron las válvulas, pero los desperfectos de la maquinaria paralizaron la inmersión, dando tiempo a que llegaran los buques enemigos, abordaran el monitor y detuvieran su hundimiento. Miguel Grau pasó a la inmortalidad como un marino estratega y valiente, pero generoso, que cumplió con sus proféticas palabras: “Si el Huáscar no regresa triunfante al Callao, tampoco yo regresaré”.

Fuente: Biografías y Vidas / Info Perú / Historia del Perú.

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