14 de octubre de 1964
Todo esto es el mundo del dinero y las relaciones con el dinero son siempre falsas. ¿Por qu茅 rechac茅 ese premio? Porque estimo que desde hace cierto tiempo tiene un color pol铆tico.
Si hubiera aceptado el Nobel –y aunque hubiera hecho un discurso insolente en Estocolmo, lo que hubiera sido absurdo– habr铆a sido recuperado. Si hubiera sido miembro de un partido, del partido comunista, por ejemplo, la situaci贸n hubiera sido diferente. Indirectamente hubiera sido a mi partido que el premio habr铆a sido discernido; es a 茅l, en todo caso, que hubiera podido servir. Pero cuando se trata de un hombre aislado, aunque tenga opiniones «extremistas» se lo recupera necesariamente de un cierto modo, coron谩ndolo. Es una manera de decir: «Finalmente es de los nuestros». Yo no pod铆a aceptar eso.
La mayor铆a de los diarios me han atribuido razones personales: estar铆a herido porque Camus lo hab铆a obtenido antes que yo…tendr铆a miedo que Simone de Beauvoir se sintiera celosa, a lo mejor era un alma bella que rechazaba todos los honores por orgullo. Tengo una respuesta muy simple: si tuvi茅ramos un gobierno de Frente Popular y que me hubiera hecho el honor de discernirme un premio, lo habr铆a aceptado con placer. No pienso para nada que los escritores deban ser caballeros solitarios, por el contrario. Pero no deben meterse en un avispero.
Lo que m谩s me ha molestado en este asunto son las cartas de los pobres. Los pobres para m铆 son las personas que no tienen dinero, pero que est谩n suficientemente mistificadas para aceptar el mundo tal cual es. Esa gente forma legi贸n. Me han escrito cartas dolorosas: «Deme a m铆 el dinero que rechaza».
En el fondo lo que escandaliza es que ese dinero no haya sido gastado. Cuando Mauriac escribe en su agenda: «Yo lo hubiera usado para arreglar mi cuarto de ba帽o y el cerco de mi parque», es un maligno: sabe que no provocar谩 ning煤n esc谩ndalo. Si hubiera distribuido ese dinero habr铆a chocado m谩s a la gente. Rechazarlo es inadmisible. Un norteamericano ha escrito: «Si me dan 100 d贸lares y los rechazo, no soy un hombre». Y adem谩s est谩 la idea de que un escritor no merece ese dinero. El escritor es un personaje sospechoso. No trabaja, gana dinero y puede ser recibido, si lo quiere, por un rey de Suecia. Eso ya es escandaloso. Si adem谩s rechaza el dinero que no ha merecido, es el colmo. Se considera natural que un banquero tenga dinero y no lo d茅. Pero que un escritor pueda rechazarlo, eso no pasa.
Todo esto es el mundo del dinero y las relaciones con el dinero son siempre falsas. Rechazo 26 millones y me lo reprochan, pero al mismo tiempo me explican que mis libros se vender谩n m谩s porque la gente va a decirse: «¿Qui茅n es este atropellado que escupe sobre semejante suma?». Mi gesto va pues a reportarme dinero. Es absurdo, pero no puedo hacer nada. La paradoja es que rechazando el premio no he hecho nada. Acept谩ndolo hubiera hecho algo, que me habr铆a dejado recuperar por el sistema.
Explicaci贸n de Jean Paul Sartre al rechazar el Nobel de Literatura en 1964
Lamento profundamente el hecho que este incidente se haya convertido en algo as铆 como un esc谩ndalo. Un premio me fue entregado, y yo lo rechac茅. Esto sucedi贸 enteramente porque no fui informado lo suficientemente pronto de lo que estaba pasando. Cuando le铆 en el Figaro litt茅raire del octubre 15, en la columna del corresponsal sueco, que la decisi贸n de la academia sueca se dirig铆a hacia m铆 pero que no hab铆a sido a煤n determinada, supuse que al escribir una carta a la academia, la cual env铆e el d铆a siguiente, podr铆a aclarar las cosas y no habr铆a m谩s discusi贸n.
En ese momento no era consciente que el Premio Nobel se otorga sin consultar la opini贸n del destinatario, y cre铆 que hab铆a tiempo para prevenir que eso sucediera. Pero ahora entiendo que una vez la Academia Sueca ha tomado la decisi贸n no puede ser revocada posteriormente.
Mis razones para rechazar el premio no conciernen ni a la Academia Sueca ni al Premio Nobel en s铆 mismo, como expliqu茅 en mi carta a la academia. En ella acud铆 a dos tipos de razones, personales y objetivas.
Las razones personales son estas: mi negativa no es un gesto impulsivo, siempre he declinado los honores oficiales. En 1945 cuando me ofrecieron la Legi贸n de Honor, la rechac茅 aunque simpatizaba con el gobierno. De la misma manera, nunca he intentado entrar al Coll猫ge de France como muchos de mis amigos me sugirieron.
Esta actitud se basa en la concepci贸n que tengo sobre la empresa del escritor. El escritor que adopta una posici贸n pol铆tica, social o literaria debe actuar 煤nicamente con los medios que le son propios, es decir, la palabra escrita. Todos los honores que puede recibir expone a sus lectores a una presi贸n que no considero deseable. Si me designo a m铆 mismo como Jean Paul Sartre no ser铆a lo mismo si me designara Jean Paul Sartre, ganador del Premio Nobel.
El escritor que acepta un honor de esta clase se involucra a s铆 mismo con la asociaci贸n o instituci贸n que lo ha honrado. Mis simpat铆as por los revolucionarios venezolanos solo me comprometen a m铆 mismo, Mientras que si Jean Paul Sartre, ganador del Premio Nobel campe贸n de la resistencia venezolana, tambi茅n compromete todo el Premio Nobel como su instituci贸n.
El escritor debe, por lo tanto, negarse a dejarse transformar en una instituci贸n, incluso si esto ocurre bajo las m谩s honorables circunstancias, como es en el presente caso.
Esta actitud es, por supuesto, completamente m铆a, y no contiene cr铆ticas de aquellos que ya han sido galardonados con el premio. Yo tengo gran respeto y admiraci贸n por varios de los laureados que tengo el honor de conocer.
Mis razones objetivas son las siguientes: La 煤nica batalla posible hoy en el frente cultural es la batalla por la coexistencia pac铆fica de dos culturas, la de Oriente y la de Occidente. No me refiero a que deban abrazarse mutuamente; s茅 que la confrontaci贸n de estas dos culturas debe tomar necesariamente la forma de un conflicto, pero esta confrontaci贸n debe ocurrir entre hombres y entre culturas sin la intervenci贸n de las instituciones.
Yo mismo estoy profundamente afectado por la contradicci贸n entre las dos culturas: estoy hecho a partir de tales contradicciones. Mis simpat铆as van innegablemente al socialismo y lo que es denominado el Bloque Oriental, pero nac铆 y me cri茅 en una familia burguesa y en una cultura burguesa. Esto me permite colaborar con todos aquellos que buscan acercar a las dos culturas. Sin embargo espero, por supuesto, que «el mejor hombre gane» es decir, el socialismo.
Es por eso que no puedo aceptar un honor otorgado por las autoridades culturales, m谩s con las de occidente que las de oriente, incluso si simpatizo con su existencia. Aunque todas mis simpat铆as est谩n del lado del socialismo. Por lo tanto, to ser铆a incapaz de aceptar, por ejemplo, el Premio Lenin, si alguien quisiera d谩rmelo, que no es el caso.
S茅 que el premio Nobel en s铆 mismo no es un premio literario del Bloque Occidental. pero es de lo que est谩 hecho, adem谩s pueden ocurrir eventos que est谩n por fuera de los terrenos de los miembros de la academia sueca. Esta es la raz贸n por la cual, en la presente situaci贸n, el Premio Nobel se mantiene objetivamente como una distinci贸n reservada para los escritores de Occidente o los rebeldes de Oriente. No ha sido otorgado, por ejemplo, a Neruda, quien es uno de los m谩s grandes poetas latinoamericanos. Nunca ha habido una cuesti贸n seria de d谩rselo a Louis Arag贸n quien ciertamente se lo merece. Es lamentable que el premio haya sido entregado a Pasternak y no a Sholokov, y que la 煤nica obra honrada de la Uni贸n Sovi茅tica debiera ser publicada en el extranjero y censurada en su propio pa铆s. Se pudo haber logrado cierto equilibrio gracias a un gesto similar en la otra direcci贸n. Durante la guerra en Argelia, cuando firmamos la declaraci贸n de los 121, deb铆 haber aceptado el premio con gratitud porque no me hubiera honrado 煤nicamente a mi, sino tambi茅n la libertad por la cual est谩bamos luchando. Pero las cosas no ocurrieron de esa manera, y solo al terminar la batalla el premio me ha sido otorgado.
Al discutir los motivos de la Academia Sueca, se ha hecho menci贸n de la libertad, una palabra que sugiere muchas interpretaciones. En occidente solo se entiende una libertad general: personalmente, me refiero a una libertad m谩s concreta que consiste en el derecho de tener m谩s de un par de zapatos y comer lo suficiente. Me parece menos peligroso declinar el premio que aceptarlo. Si lo acepto, me ofrezco a lo que llamar茅 «una rehabilitaci贸n objetiva». de acuerdo con el articulo del Figaro litt茅raire «no se celebrar谩 contra m铆 un controversial pasado pol铆tico». S茅 que este art铆culo no expresa la opini贸n de la Academia, pero muestra claramente como la aceptaci贸n del premio podr铆a ser interpretada por ciertos c铆rculos de derecha. Considero que este «controversial pasado pol铆tico» sigue siendo v谩lido, incluso si estoy muy preparado para reconocer a mis camaradas ciertos errores pasados.
No quiero decir que el Premio Nobel es un premio burgu茅s, pero tal es la interpretaci贸n burguesa que inevitablemente se dar铆a en ciertos c铆rculos con los que estoy muy familiarizado.
Por 煤ltimo, he llegado a la cuesti贸n del dinero: es una carga muy pesada la que la Academia impone sobre el laureado acompa帽ando su homenaje con una enorme suma, y este problema me tortura. Cualquiera que acepte el dinero del premio puede apoyar organizaciones o movimientos que uno considere importantes: mis propios pensamientos fueron al comit茅 del Apartheid en Londres. O bien uno declina el premio con principios generosos, y por lo tanto priva al movimiento de de tal apoyo que tanto se necesita. Pero creo que esto no es un problema real. Obvio renuncio a 250,000 coronas porque no deseo ser institucionalizado ni en occidente ni en oriente. Pero no se puede pedir, por otra parte, que renuncie por 250,000 coronas a principios que no son propios, sino que compartimos con todos los camaradas.
Esta es la raz贸n que ha hecho tan doloroso para mi tanto la concesi贸n del premio como el rechazo que estoy obligado a hacer.
Deseo terminar esta declaraci贸n con un mensaje de sentimiento de camarader铆a para el p煤blico sueco.


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