La tela de araña - Julio Ramón Ribeyro

La tela de araña - Julio Ramón Ribeyro
Cuando María quedó sola en el cuarto, una vez que hubo partido Justa, sintió un extraño sentimiento de libertad. Le pareció que el mundo se dilataba, que las cosas se volvían repentinamente bellas y que su mismo pasado, observado desde este ángulo nuevo, era tan solo un mal sueño pasajero. Ya a las diez de la noche, al salir sigilosamente de la casa de su patrona, con su bulto de ropa bajo el brazo, adivinó que un momento de expansión se avecinaba. Luego en el taxi, con Justa a su lado que canturreaba, permaneció muda y absorta, embriagada por la aventura. Pero era solo ahora, al encontrarse en esa habitación perdida, ignorada de todo el mundo, cuando tomó conciencia de su inmensa libertad. Ella duraría poco, sin embargo, tal vez dos o tres días, hasta que encontrara un nuevo trabajo. Felipe Santos, su protector, se lo había prometido. Ella no conocía, no obstante, a ese Felipe Santos del cual oyera hablar a Justa, sirvienta de la casa vecina. —Esta noche vendrá a verte —había dicho Jus…