Los españoles - Julio Ramón Ribeyro
He vivido en cuartos grandes y pequeños, lujosos y miserables, pero si he buscado siempre algo en una habitación, algo más importante que una buena cama o que un sillón confortable, ha sido una ventana a la calle. El más sórdido reducto me pareció llevadero si tenía una ventana por donde mirar a la calle. La ventana, en muchísimos casos, reemplazó para mí al amigo lejano, a la novia perdida, al libro cambiado por un plato de lentejas. A través de las ventanas llegué al corazón de los hombres y pude comprender las consejas de la ciudad. Sin embargo, estaría tan pobre en aquel verano español que acepté un cuarto que no tenía ventana a la calle: la ventana daba a un patio de vecindad. Estos patios siempre los he detestado, porque mirarlos es como ver un edificio en ropa interior. Estos patios de vecindad son un cajón helado y mustio en invierno, tórrido y bullanguero en verano, perforado de tragaluces, de forados, de postigos, de ventanas detrás de las cuales circulan viejas que cocinan u…