Federico Barreto Bust铆os naci贸 en Tacna el 8 de febrero de 1868 y muri贸 en Marsella el 30 de octubre de 1929, fue un poeta peruano conocido como «El cantor del cautiverio».
Desde el punto de vista tem谩tico, la poes铆a de Federico Barreto muestra dos grandes vertientes.
La primera es la poes铆a que canta a su ciudad natal, Tacna, en la 茅poca de la ocupaci贸n chilena despu茅s de la Guerra del Pac铆fico. Observamos aqu铆 la influencia del romanticismo en el amor al suelo patrio y la concepci贸n de la poes铆a como la expresi贸n de un pueblo. El cr铆tico Ricardo Gonz谩lez Vigil menciona la influencia de poetas como Manuel Jos茅 Quintana y Jos茅 Joaqu铆n de Olmedo, en su reivindicaci贸n de los valores c铆vico-patri贸ticos. Esta faceta de su producci贸n literaria es la que le gan贸 el apelativo de "El cantor del cautiverio".
La segunda es la poes铆a amorosa, a la cual imprimi贸 una sensualidad marcadamente intensa para la 茅poca. El ser amado en la poes铆a de Federico Barreto no es un objeto idealizado, sino un ser de carne y hueso. En esta vertiente se aprecia la influencia del modernismo, por su exaltaci贸n de lo sensorial y lo pasional. Sus poemas amorosos gozaron de gran popularidad.
脷ltimo ruego
脫diame por piedad, yo te lo pido…
¡脫diame sin medida ni clemencia!
M谩s vale el odio que la indiferencia.
El rencor hiere menos que el olvido.
Yo quedar茅, si me odias, convencido,
de que otra vez fue m铆a tu existencia.
M谩s vale el odio a la indiferencia.
¡Nadie aborrece sin haber querido!
Antes que t煤
Sonr铆es al pasar, con iron铆a,
Porque me juzgas un rival vencido…
¡Imb茅cil! La mujer que has elegido,
antes que fuera tuya ha sido m铆a.
En sus labios de rosa beb铆 un d铆a,
la esencia del licor apetecido.
Y t煤, ¿de qu茅 te r铆es? ¿Qu茅 has bebido?
¡Las sobras de la copa de ambros铆a!
M谩s all谩 de la muerte
Es invierno, y una noche negra, fr铆a y tempestuosa.
En la l煤gubre capilla de un asilo monacal,
yace el cuerpo inanimado de una joven religiosa
que, agobiada por la pena se muri贸 como una rosa
arrancada de su tallo por el fiero vendaval.
Blanco traje que realza su magn铆fica belleza,
simboliza su inocencia, su bondad y su candor;
rosas blancas en capullo le circundaban la cabeza,
y parece aquella virgen que muri贸se de tristeza,
una novia desmayada en su t谩lamo de amor…
El silencio que all铆 reina es tan s贸lo interrumpido
por el viento que sacude las vidrieras al pasar,
por el viento, y otras veces por el t茅trico graznido
de los b煤hos que all铆 moran, que han formado all铆 su nido
y que atisban lo que pasa, por las grietas de un altar.
Cuatro cirios iluminan con fulgores inseguros
el cad谩ver de aquel 谩ngel de belleza y de virtud,
y las sombras que proyectan esos cirios en los muros
van y vienen en silencio por los 谩mbitos obscuros
como un coro de fantasmas circundando el ata煤d.
Mil rumores misteriosos, mil inc贸gnitos sonidos,
llegan vagos y confusos a la casa del Se帽or…
Es un l煤gubre concierto de sollozos y gemidos,
de susurros y plegarias…de mil ecos doloridos
que acongojan y estremecen, que dan pena y dan horror…
Dan las doce lentamente sobre el viejo campanario,
Y al vibrar en la capilla la hora t茅trica y fatal,
sale un monje de albo traje por la puerta del sagrario,
atraviesa a pasos lentos el recinto solitario
y se postra de rodillas ante el lecho funeral.
Se dir铆a que le agobia todo un mundo de tristeza,
que le mata el desconsuelo, que se muere de aflicci贸n…
¿Por qu茅 crispa sus dos manos?…¿Por qu茅 inclina la cabeza?…
¿por qu茅 tiembla? ¿por qu茅 gime? ¿por qu茅 llora? ¿por qu茅 reza?…
¡Hay misterios que estremecen hasta el fondo el coraz贸n!…
De repente se alza el monje del helado y duro suelo,
a la muerta se aproxima y la llama a media voz:
y al ver que ella sigue muda, sigue fr铆a como el hielo,
la acaricia con ternura, la mirada eleva al cielo
y murmura entre los dientes: ¡Que injusto eres, Santo Dios!
Luego clava sus pupilas en la p谩lida doncella,
la contempla largo tiempo con rec贸ndita piedad
y cogiendo entre sus manos una mano de las de ella,
la aproxima hasta sus labios, con un 贸sculo la sella,
y habla y gime y llora a gritos como un ni帽o en la orfandad.
‘¡Dora, clama, Dora m铆a!’ Te estoy viendo muda y yerta,
y no creo que la muerte haya osado herirte a ti…
¡Muerta t煤…! ¿Ser谩 posible? ¡No, mil veces…! No est谩s muerta.
Duermes…Sue帽as…Est谩s viva…¡Por piedad, mi amor, despierta.
No te mueras…No me dejes…¡Vive, y vive para m铆!
‘Yo era hu茅rfano, yo estaba triste y solo en este suelo:
m谩s Dios quiso que te hallara y no tuve penas ya.
¿Lo oyes Dora? ¡Dios lo quiso! Piedad tuvo de mi duelo
y para 谩ngel de mi guarda te envi贸 un d铆a desde el cielo,
t煤 no puedes, pues, morirte…¡Dios no quita lo que da!
‘As铆, envuelta en blancos tules, coronada as铆 de flores
te ofrec铆 llevarte al templo y jurarte esclavitud…
¡Sue帽o ef铆mero! Tus padres, por matar nuestros amores,
te encerraron en este antro de rec贸nditos dolores,
y hoy que vengo aqu铆 a buscarte, te hallo aqu铆 en un ata煤d.
¡Pobre novia de mis sue帽os! ¡Pobre t贸rtola sin nido!
¡Virgen m谩rtir que viviste con el alma rota en dos!
¿Por qu茅 callas si te llamo?¿Por qu茅 no oyes mi gemido?
¿Te cansaste de esperarme y a los cielos has partido?
¡Vuelve, vuelve…te lo ruego…yo te quiero m谩s que Dios!’
Calla el monje, m谩s de pronto, como un loco que se excita,
coge en brazos a aquel 谩ngel que en la vida tanto am贸,
y bes谩ndole en la boca: ‘Vuelve en ti, por Dios, le grita,
toma mi alma en este beso. ¡Resucita! ¡Resucita!
Toma mi alma, toma mi alma…¿Vive t煤 aunque muera yo!’
Un prodigio se ve entonces: ella agita sus despojos
como herida de repente por el dardo del dolor:
en sus p谩lidas mejillas aparecen tintes rojos:
quiere hablar; mueve los labios; ya despierta; abre los ojos;
todo alienta… hasta la muerte…a los besos del amor…!
Un aurora clara y bella a la noche ha sucedido:
en el templo que el sol ba帽a y comienza a iluminar,
yace el monje de albo traje, junto al f茅retro tendido,
y los b煤hos que all铆 moran, que han formada all铆 su nido,
le contemplan con asombro por las grietas del un altar.
Est谩 muerto y se dir铆a que perdura su hondo duelo,
que repite entre los dientes: ‘¡Qu茅 injusto eres Santo Dios!’
Est谩 muerto. Le mataron el dolor y el desconsuelo.
No hall贸 aqu铆 a su prometida y a buscarla se fue al cielo.
¡Ya est谩n juntos! Una tumba es la tumba de los dos.
El beso
Con candoroso embeleso
y rebozando alegr铆a,
me pides morena m铆a
que te diga… ¿Qu茅 es un beso?
Un beso es el eco suave de un canto,
que m谩s que canto es un himno sacrosanto
que imitar no puede el ave.
Un beso es el dulce idioma
con que hablan dos corazones,
que mezclan sus impresiones
como las flores su aroma.
Un beso es…no seas loca…
¿Por qu茅 me preguntas eso?
¡Junta tu boca a mi boca
y sabr谩s lo que es un beso!
El nido vac铆o
En un tiempo mejor, aqu铆 viv铆a
el 谩ngel tutelar de mis amores.
A la oraci贸n, en estos corredores,
ella, mis versos, repetir sol铆a.
Este era su jard铆n. Aqu铆 ven铆a,
al despuntar el alba, a coger flores.
¡Bajo este limonero, hoy sin verdores,
nos despedimos para siempre, un d铆a!
Han pasado los a帽os. A su huerto,
ya nadie viene al despuntar la aurora…
¡Desde que ella se fue qued贸 desierto!
Un cementerio es su jard铆n ahora,
y aqu铆, en las sombras, cuando el d铆a ha muerto,
el alma m铆a por su ausencia llora…

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