El alfiler- Ventura García Calderón
La bestia cayó de bruces, agonizante, rezumando sudor y sangre, mientras el jinete, en un santiamén, saltaba a tierra al pie de la escalera monumental de la hacienda de Ticabamba. Por el obeso balcón de cedro asomó la cabeza fosca del hacendado, don Timoteo Mondaraz, interpelando al recién venido, que temblaba. Era burlona la voz de sochantre del viejo tremendo: – ¿Qué te pasa, Borradito? Te están repiqueteando las choquezuelas… Ni no nos comemos aquí a la gente. Habla, no más… El Borradito, llamado así en el valle por su rostro picado de viruelas, asió con desesperada mano el sombrero de jipi-japa y quiso explicar tantas cosas a la vez – la desgracia súbita, su galope nocturno de veinte leguas, la orden de llegar en pocas horas aunque reventara la bestia en el camino -, que enmudeció por minuto. De repente, sin respirar, exhaló su ingenua retahila: – Pues le diré a mi amito, que me dijo el niño Conrado que le dijera que anoche mismito agarró y se murió la niña Grimanesa. Si don Timoteo no …