El silencio de las sirenas - Franz Kafka - Amantes de la literatura

Novedades

3.14.2025

El silencio de las sirenas - Franz Kafka



Existen m茅todos insuficientes, casi pueriles, que tambi茅n pueden servir para la salvaci贸n. He aqu铆 la prueba.

Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tap贸 sus o铆dos con cera y se hizo encadenar al m谩stil de la nave. Aunque todo el mundo sab铆a que este recurso era ineficaz, muchos navegantes pod铆an haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atra铆dos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasi贸n de los seducidos habr铆a hecho saltar prisiones m谩s fuertes que m谩stiles y cadenas. Ulises no pens贸 en eso, si bien quiz谩 alguna vez, algo hab铆a llegado a sus o铆dos. Se confi贸 por completo en aquel pu帽ado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus peque帽as estratagemas, naveg贸 en pos de las sirenas con alegr铆a inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho m谩s terrible que el canto: su silencio. No sucedi贸 en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ning煤n sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pas贸 Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo s贸lo pod铆a herirlo el silencio, tal vez porque el espect谩culo de felicidad en el rostro de Ulises, quien s贸lo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canci贸n.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oy贸 el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que s贸lo 茅l estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiraci贸n profunda, los ojos llenos de l谩grimas, los labios entreabiertos. Cre铆a que todo era parte de la melod铆a que flu铆a sorda en torno de 茅l. El espect谩culo comenz贸 a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba m谩s pr贸ximo, ya no supo m谩s acerca de ellas.

Y ellas, m谩s hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus h煤medas cabelleras al viento, abr铆an sus garras acariciando la roca. Ya no pretend铆an seducir, tan s贸lo quer铆an atrapar por un momento m谩s el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habr铆an desaparecido aquel d铆a. Pero ellas permanecieron y Ulises escap贸.

La tradici贸n a帽ade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por m谩s que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan s贸lo represent贸 tama帽a farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todos los comentarios son revisados antes de su publicaci贸n por el administrador.