Meter el diablo en el infierno - Giovanni Boccaccio - Amantes de la literatura

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12.20.2025

Meter el diablo en el infierno - Giovanni Boccaccio


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En la ciudad de Cafsa, en Berber铆a, hubo hace tiempo un hombre riqu铆simo que, entre otros hijos, ten铆a una hijita hermosa y donosa cuyo nombre era Alibech; la cual, no siendo cristiana y oyendo a muchos cristianos que en la ciudad hab铆a alabar mucho la fe cristiana y el servicio de Dios, un d铆a pregunt贸 a uno de ellos en qu茅 materia y con menos impedimentos pudiese servir a Dios. El cual le repuso que serv铆an mejor a Dios aquellos que m谩s hu铆an de las cosas del mundo, como hac铆an quienes en las soledades de los desiertos de la Tebaida se hab铆an retirado. La joven, que simplic铆sima era y de edad de unos catorce a帽os, no por consciente deseo sino por un impulso pueril, sin decir nada a nadie, a la ma帽ana siguiente hacia el desierto de Tebaida, ocultamente, sola, se encamin贸; y con gran trabajo suyo, continuando sus deseos, despu茅s de algunos d铆as a aquellas soledades lleg贸, y vista desde lejos una casita, se fue a ella, donde a un santo var贸n encontr贸 en la puerta, el cual, maravill谩ndose de verla all铆, le pregunt贸 qu茅 es lo que andaba buscando. La cual repuso que, inspirada por Dios, estaba buscando ponerse a su servicio, y tambi茅n qui茅n le ense帽ara c贸mo se le deb铆a servir. El honrado var贸n, vi茅ndola joven y muy hermosa, temiendo que el demonio, si la reten铆a, lo enga帽ara, le alab贸 su buena disposici贸n y, d谩ndole de comer algunas ra铆ces de hierbas y frutas silvestres y d谩tiles, y agua a beber, le dijo:
-Hija m铆a, no muy lejos de aqu铆 hay un santo var贸n que en lo que vas buscando es mucho mejor maestro de lo que soy yo: ir谩s a 茅l.

Y le ense帽贸 el camino; y ella, llegada a 茅l y o铆das de este estas mismas palabras, yendo m谩s adelante, lleg贸 a la celda de un ermita帽o joven, muy devota persona y bueno, cuyo nombre era R煤stico, y la petici贸n le hizo que a los otros les hab铆a hecho. El cual, por querer poner su firmeza a una fuerte prueba, no como los dem谩s la mand贸 irse, o seguir m谩s adelante, sino que la retuvo en su celda; y llegada la noche, una yacija de hojas de palmera le hizo en un lugar, y sobre ella le dijo que se acostase. Hecho esto, no tardaron nada las tentaciones en luchar contra las fuerzas de este, el cual, encontr谩ndose muy enga帽ado sobre ellas, sin demasiados asaltos volvi贸 las espaldas y se entreg贸 como vencido; y dejando a un lado los pensamientos santos y las oraciones y las disciplinas, a traerse a la memoria la juventud y la hermosura de esta comenz贸, y adem谩s de esto, a pensar en qu茅 v铆a y en qu茅 modo debiese comportarse con ella, para que no se apercibiese que 茅l, como hombre disoluto, quer铆a llegar a aquello que deseaba de ella.

Y probando primero con ciertas preguntas que no hab铆a nunca conocido a hombre averigu贸, y que tan simple era como parec铆a, por lo que pens贸 c贸mo, bajo especie de servir a Dios, deb铆a traerla a su voluntad. Y primeramente con muchas palabras le mostr贸 cu谩n enemigo de Nuestro Se帽or era el diablo, y luego le dio a entender que el servicio que m谩s grato pod铆a ser a Dios era meter al demonio en el infierno, adonde Nuestro Se帽or lo hab铆a condenado. La jovencita le pregunt贸 c贸mo se hac铆a aquello; R煤stico le dijo:
-Pronto lo sabr谩s, y para ello har谩s lo que a m铆 me veas hacer. Y empez贸 a desnudarse de los pocos vestidos que ten铆a, y se qued贸 completamente desnudo, y lo mismo hizo la muchacha; y se puso de rodillas a guisa de quien rezar quisiese y contra 茅l la hizo ponerse a ella. Y estando as铆, sinti茅ndose R煤stico m谩s que nunca inflamado en su deseo al verla tan hermosa, sucedi贸 la resurrecci贸n de la carne; y mir谩ndola Alibech, y maravill谩ndose, dijo:
-R煤stico, ¿qu茅 es esa cosa que te veo que as铆 se te sale hacia afuera y yo no la tengo?

-Oh, hija m铆a -dijo R煤stico-, es el diablo de que te he hablado; ya ves, me causa grand铆sima molestia, tanto que apenas puedo soportarlo.

Entonces dijo la joven:
-Oh, alabado sea Dios, que veo que estoy mejor que t煤, que no tengo yo ese diablo.

Dijo R煤stico:
-Dices bien, pero tienes otra cosa que yo no tengo, y la tienes en lugar de esto.

Dijo Alibech:
-¿El qu茅?

R煤stico le dijo:
-Tienes el infierno, y te digo que creo que Dios te haya mandado aqu铆 para la salvaci贸n de mi alma, porque si ese diablo me va a dar este tormento, si t煤 quieres tener de m铆 tanta piedad y sufrir que lo meta en el infierno, me dar谩s a m铆 grand铆simo consuelo y dar谩s a Dios gran placer y servicio, si para ello has venido a estos lugares, como dices.

La joven, de buena fe, repuso:
-Oh, padre m铆o, puesto que yo tengo el infierno, sea como quer茅is.

Dijo entonces R煤stico:
-Hija m铆a, bendita seas. Vamos y met谩moslo, que luego me deje estar tranquilo.

Y dicho esto, llevada la joven encima de una de sus yacijas, le ense帽贸 c贸mo deb铆a ponerse para poder encarcelar a aquel maldito de Dios. La joven, que nunca hab铆a puesto en el infierno a ning煤n diablo, la primera vez sinti贸 un poco de dolor, por lo que dijo a R煤stico:
-Por cierto, padre m铆o, mala cosa debe ser este diablo, y verdaderamente enemigo de Dios, que aun en el infierno, y no en otra parte, duele cuando se mete dentro.

Dijo R煤stico:
-Hija, no suceder谩 siempre as铆.

Y para hacer que aquello no sucediese, seis veces antes de que se moviesen de la yacija lo metieron all铆, tanto que por aquella vez le arrancaron tan bien la soberbia de la cabeza que de buena gana se qued贸 tranquilo. Pero volvi茅ndole luego muchas veces en el tiempo que sigui贸, y disponi茅ndose la joven siempre obediente a quit谩rsela, sucedi贸 que el juego comenz贸 a gustarle, y comenz贸 a decir a R煤stico:
-Bien veo que la verdad dec铆an aquellos sabios hombres de Cafsa, que el servir a Dios era cosa tan dulce; y en verdad no recuerdo que nunca cosa alguna hiciera yo que tanto deleite y placer me diese como es el meter al diablo en el infierno; y por ello me parece que cualquier persona que en otra cosa que en servir a Dios se ocupa es un animal.

Por la cual cosa, muchas veces iba a R煤stico y le dec铆a:

-Padre m铆o, yo he venido aqu铆 para servir a Dios, y no para estar ociosa; vamos a meter el diablo en el infierno.

Haciendo lo cual, dec铆a alguna vez:

-R煤stico, no s茅 por qu茅 el diablo se escapa del infierno; que si estuviera all铆 de tan buena gana como el infierno lo recibe y lo tiene, no se saldr铆a nunca.

As铆, tan frecuentemente invitando la joven a R煤stico y consol谩ndolo al servicio de Dios, tanto le hab铆a quitado la lana del jub贸n que en tales ocasiones sent铆a fr铆o en que otro hubiera sudado; y por ello comenz贸 a decir a la joven que al diablo no hab铆a que castigarlo y meterlo en el infierno m谩s que cuando 茅l, por soberbia, levantase la cabeza:
-Y nosotros, por la gracia de Dios, tanto lo hemos desganado, que ruega a Dios quedarse en paz.

Y as铆 impuso alg煤n silencio a la joven, la cual, despu茅s de que vio que R煤stico no le ped铆a m谩s meter el diablo en el infierno, le dijo un d铆a:
-R煤stico, si tu diablo est谩 castigado y ya no te molesta, a m铆 mi infierno no me deja tranquila; por lo que bien har谩s si con tu diablo me ayudas a calmar la rabia de mi infierno, como yo con mi infierno te he ayudado a quitarle la soberbia a tu diablo.

R煤stico, que de ra铆ces de hierbas y agua viv铆a, mal pod铆a responder a los envites; y le dijo que muchos diablos querr铆an poder tranquilizar al infierno, pero que 茅l har铆a lo que pudiese; y as铆 alguna vez la satisfac铆a, pero era tan raramente que no era sino arrojar un haba en la boca de un le贸n; de lo que la joven, no pareci茅ndole servir a Dios cuanto quer铆a, mucho rezongaba. Pero mientras que entre el diablo de R煤stico y el infierno de Alibech hab铆a, por el demasiado deseo y por el menor poder, esta cuesti贸n, sucedi贸 que hubo un fuego en Cafsa en el que en la propia casa ardi贸 el padre de Alibech con cuantos hijos y dem谩s familia ten铆a; por la cual cosa Alibech de todos sus bienes qued贸 heredera. Por lo que un joven llamado Neerbale, habiendo en magnificencias gastado todos sus haberes, oyendo que esta estaba viva, poni茅ndose a buscarla y encontr谩ndola antes de que el fisco se apropiase de los bienes que hab铆an sido del padre, como de hombre muerto sin herederos, con gran placer de R煤stico y contra la voluntad de ella, la volvi贸 a llevar a Cafsa y la tom贸 por mujer, y con ella de su gran patrimonio fue heredero. Pero pregunt谩ndole las mujeres que en qu茅 serv铆a a Dios en el desierto, no habi茅ndose todav铆a Neerbale acostado con ella, repuso que le serv铆a metiendo al diablo en el infierno y que Neerbale hab铆a cometido un gran pecado con haberla arrancado a tal servicio. Las mujeres preguntaron:
-¿C贸mo se mete al diablo en el infierno?

La joven, entre palabras y gestos, se los mostr贸; de lo que tanto se rieron que todav铆a se r铆en, y dijeron:
-No est茅s triste, hija, no, que eso tambi茅n se hace bien aqu铆, Neerbale bien servir谩 contigo a Dios Nuestro Se帽or en eso.

Luego, dici茅ndoselo una a otra por toda la ciudad, hicieron famoso el dicho de que el m谩s agradable servicio que a Dios pudiera hacerse era meter al diablo en el infierno; el cual dicho, pasado a este lado del mar, todav铆a se oye. Y por ello vosotras, j贸venes damas, que necesit谩is la gracia de Dios, aprended a meter al diablo en el infierno, porque ello es cosa muy grata a Dios y agradable para las partes, y mucho bien puede nacer de ello y seguirse.

(El decamer贸n, 1351 / Tercera jornada, narraci贸n d茅cima)

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