Mientras que los gargajos rojos de la metralla
silban surcando el cielo azul, d铆a tras d铆a,
y que, escarlata o verdes, cerca del rey que r铆e
se hunden batallones que el fuego incendia en masa;
mientras que una locura desenfrenada aplasta
y convierte en mantillo humeante a mil hombres;
¡pobres muertos! sumidos en est铆o, en la yerba,
en tu gozo, Natura, que santa los creaste,
existe un Dios que r铆e en los adamascados
del altar, al incienso, a los c谩lices de oro,
que acunado en Hosannas dulcemente se duerme.
Pero se sobresalta, cuando madres uncidas
a la angustia y que lloran bajo sus cofias negras
le ofrecen un ochavo envuelto en su pa帽uelo.

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