Borges y yo - Amantes de la literatura

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12.19.2024

Borges y yo



Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mec谩nicamente, para mirar el arco de un zagu谩n y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biogr谩fico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipograf铆a del siglo XVIII, las etimolog铆as, el sabor del caf茅 y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Ser铆a exagerado afirmar que nuestra relaci贸n es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas p谩ginas v谩lidas, pero esas p谩ginas no me pueden salvar, quiz谩 porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradici贸n. Por lo dem谩s, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y s贸lo alg煤n instante de m铆 podr谩 sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cedi茅ndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendi贸 que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en m铆 (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace a帽os yo trat茅 de librarme de 茅l y pas茅 de las mitolog铆as del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendr茅 que idear otras cosas. As铆 mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No s茅 cu谩l de los dos escribe esta p谩gina.

FIN

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