Historia de uno que hizo un viaje para saber lo que era miedo - Amantes de la literatura

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9.03.2026

Historia de uno que hizo un viaje para saber lo que era miedo


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Por Hermanos Grimm

Un labrador ten铆a dos hijos, el mayor de los cuales era muy listo y entendido, y sab铆a muy bien a qu茅 atenerse en todo, pero el menor era tonto y no entend铆a ni aprend铆a nada, y cuando le ve铆an las gentes dec铆an:

-Trabajo tiene su padre con 茅l.

Cuando hab铆a algo que hacer, ten铆a siempre que mand谩rselo al mayor, pero si su padre le mandaba algo siendo de noche, o le enviaba al oscurecer cerca del cementerio, o siendo ya oscuro al camino o cualquier otro lugar sombr铆o, le contestaba siempre:

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-¡Oh!, no, padre, yo no voy all铆: ¡tengo miedo! Pues era muy miedoso.

Si por la noche refer铆an alg煤n cuento alrededor de la lumbre, en particular si era de espectros y fantasmas, dec铆an todos los que le o铆an:

-¡Qu茅 miedo!

Pero el menor, que estaba en un rinc贸n escuch谩ndolos no pod铆a comprender lo que quer铆an decir:

-Siempre dicen ¡miedo, miedo!, yo no s茅 lo que es miedo: ese debe ser alg煤n oficio del que no entiendo una palabra.

Mas un d铆a le dijo su padre:

-Oye t煤, el que est谩 en el rinc贸n: ya eres hombre y tienes fuerzas bastantes para aprender algo con que ganarte la vida. Bien ves cu谩nto trabaja tu hermano, pero t煤 no haces m谩s que perder el tiempo.

-¡Ay padre!, le contest贸, yo aprender铆a algo de buena gana, y sobre todo quisiera aprender lo que es miedo, pues de lo contrario no quiero saber nada.

Su hermano mayor se ech贸 a re铆r al o铆rle, y dijo para s铆:

-¡Dios m铆o, qu茅 tonto es mi hermano!, nunca llegar谩 a ganarse el sustento.

Su padre suspir贸 y le contest贸:

-Ya sabr谩s lo que es miedo: mas no por eso te ganar谩s la vida.

Poco despu茅s fue el sacrist谩n de visita, y le refiri贸 el padre lo que pasaba, dici茅ndole c贸mo su hijo menor se daba tan mala ma帽a para todo y que no sab铆a ni aprend铆a nada.

-¿Podr茅is creer que cuando le he preguntado si quer铆a aprender algo para ganarse su vida, me contest贸 que solo quer铆a saber lo que es miedo?

-Si no es m谩s que eso, le respondi贸 el sacrist谩n, yo se lo ense帽ar茅: envi谩dmele a mi casa, y no tardar谩 en saberlo.

El padre se alegr贸 mucho, pues pens贸 entre s铆:

-Ahora quedar谩 un poco menos orgulloso.

El sacrist谩n se le llev贸 a su casa para enviarle a tocar las campanas. A los dos d铆as le despert贸 a media noche, le mand贸 levantarse, subir al campanario y tocar las campanas.

-Ahora sabr谩s lo que es miedo, dijo para s铆.

Sali贸 tras 茅l, y cuando el joven estaba en lo alto del campanario, e iba a coger la cuerda de la campana, se puso en medio de la escalera, frente a la puerta, envuelto en una s谩bana blanca.

-¿Qui茅n est谩 ah铆?, pregunt贸 el joven.

Pero la fantasma no contest贸 ni se movi贸.

-Responde, o te hago volver por donde has venido, t煤 no tienes nada que hacer aqu铆 a estas horas de la noche. Pero el sacrist谩n continu贸 inm贸vil, para que el joven creyese que era un espectro. El joven le pregunt贸 por segunda:

-¿Qui茅n eres?, habla, si eres un hombre honrado, o si no te hago rodar por la escalera abajo.

El sacrist谩n crey贸 que no har铆a lo que dec铆a y estuvo sin respirar como si fuese de piedra. Entonces le pregunt贸 el joven por tercera vez, y como estaba ya incomodado, dio un salto y ech贸 a rodar al espectro por la escalera abajo de modo que rod贸 diez escalones y fue a parar a un rinc贸n. En seguida toc贸 las campanas, y se fue a su casa, se acost贸 sin decir una palabra y se durmi贸. La mujer del sacrist谩n esper贸 un largo rato a su marido; pero no volv铆a. Llena entonces de recelo, llam贸 al joven y le pregunt贸:

-¿No sabes d贸nde se ha quedado mi marido?, ha subido a la torre detr谩s de ti.

-No, contest贸 el joven, pero all铆 hab铆a uno en la escalera frente a la puerta, y como no ha querido decirme palabra ni marcharse, he cre铆do que iba a burlarse de m铆 y le he tirado por la escalera abajo. Id all铆 y ver茅is si es 茅l, pues lo sentir铆a.

La mujer fue corriendo; y hall贸 a su marido que estaba en un rinc贸n y se quejaba porque ten铆a una pierna rota.

Se le llev贸 en seguida a su casa y fue corriendo a la del padre del joven.

-Vuestro hijo, exclam贸, me ha causado una desgracia muy grande, ha tirado a mi marido por las escaleras y le ha roto una pierna; ese es el pago que nos ha dado el brib贸n.

Su padre se asust贸, fue corriendo y llam贸 al joven.

-¿Qu茅 mal pensamiento te ha dado para hacer esa picard铆a?

-Padre, le contest贸, escuchadme, pues estoy inocente. Era de noche y estaba all铆 como un alma del otro mundo. Ignoraba qui茅n era, y le he mandado tres veces hablar o marcharse.

-¡Ay!, replic贸 su padre, solo me ocasionas disgustos: vete de mi presencia, no quiero volverte a ver m谩s.

-Bien, padre con mucho gusto, pero esperad a que sea de d铆a, yo ir茅 y sabr茅 lo que es miedo, as铆 aprender茅 un oficio con que poderme mantener.

-Aprende lo que quieras, le dijo su padre, todo me es indiferente.

Ah铆 tienes cinco duros para que no te falte por ahora que comer, m谩rchate y no digas a nadie de d贸nde eres, ni qui茅n es tu padre, para que no tenga que avergonzarme de ti.

-Bien, padre, har茅 lo que quer茅is, no teng谩is cuidado por m铆.

Como era ya de d铆a se qued贸 el joven con sus cinco duros en el bolsillo, y ech贸 a andar por el camino real, diciendo constantemente:

-¿Qui茅n me ense帽a lo que es miedo? ¿Qui茅n me ense帽a lo que es miedo?

Entonces encontr贸 un hombre que oy贸 las palabras que dec铆a el joven para s铆, y cuando se hubieron alejado un poco hacia un sitio que se ve铆a una horca, le dijo:

-Mira, all铆 hay siete pobres a los que por sus muchos pecados han echado de la tierra y no quieren recibir en el cielo; por eso ves que est谩n aprendiendo a volar; ponte debajo de ellos, espera a que sea de noche, y sabr谩s lo que es miedo.

-Si no es m谩s que eso, dijo el joven, lo har茅 con facilidad; pero no dejes de ense帽arme lo que es miedo y te dar茅 mis cinco duros; vuelve a verme por la ma帽ana temprano.

Entonces fue el joven a donde estaba la horca, se puso debajo y esper贸 a que fuera de noche, y como ten铆a fr铆o encendi贸 lumbre; pero a media noche era el aire tan fr铆o que no le serv铆a de nada la lumbre; y como al aire hac铆a moverse a los cad谩veres y chocar entre s铆, crey贸 que teniendo fr铆o 茅l que estaba al lado del fuego, mucho m谩s deb铆an tener los que estaban m谩s lejos, por lo que procuraban reunirse para calentarse, y como era muy compasivo, cogi贸 la escalera, subi贸 y los descolg贸 uno tras otro hasta que baj贸 a todos siete. En seguida puso m谩s le帽a en el fuego, sopl贸 y los coloc贸 alrededor para que se pudiesen calentar. Pero como no se mov铆an y la lumbre no hac铆a ning煤n efecto en sus cuerpos, les dijo:

-Mirad lo que hac茅is, porque si no vuelvo a colgaros.

Pero los muertos no le o铆an, callaban y continuaban sin hacer movimiento alguno. Incomodado, les dijo entonces:

-Ya que no quer茅is hacerme caso, despu茅s que me he propuesto ayudaros, no quiero que os calent茅is m谩s.

Y los volvi贸 a colgar uno tras otro. Entonces se ech贸 al lado del fuego y se durmi贸, y a la ma帽ana siguiente cuando vino el hombre, quer铆a que le diese los cinco duros; pues le dijo:

-¿Ahora ya sabr谩s lo que es miedo?

-No, respondi贸, ¿por qu茅 lo he de saber? Los que est谩n ah铆 arriba tienen la boca bien cerrada, y son tan tontos, que no quieren ni aun calentarse.

Entonces vio el hombre que no estaba el dinero para 茅l y se march贸 diciendo:

-Con este no me ha ido muy bien.

El joven continu贸 su camino y comenz贸 otra vez a decir:

-¿Qui茅n me ense帽ar谩 lo que es miedo?, ¿qui茅n me ense帽ar谩 lo que es miedo?

Oy茅ndolo un carretero que iba tras 茅l, le pregunt贸:

-¿Qui茅n eres?

-No lo s茅, le contest贸 el joven.

-¿De d贸nde eres?, continu贸 pregunt谩ndole el carretero.

-No lo s茅.

-¿Qui茅n es tu padre?

-No puedo decirlo.

-¿En qu茅 vas pensando?

-¡Ah!, respondi贸 el joven, quisiera encontrar quien me ense帽ase lo que es miedo, pero nadie quiere ense帽谩rmelo.

-No digas tonter铆as, replic贸 el carretero, ven conmigo, ven conmigo, y ver茅 si puedo conseguirlo.

El joven continu贸 caminando con el carretero y por la noche llegaron a una posada, donde determinaron quedarse. Pero apenas lleg贸 a la puerta, comenz贸 a decir en alta voz:

-¿Qui茅n me ense帽a lo que es miedo?, ¿qui茅n me ense帽a lo que es miedo?

El posadero al o铆rle se ech贸 a re铆r diciendo:

-Si quieres saberlo; aqu铆 te se presentar谩 una buena ocasi贸n.

-Calla, le dijo la posadera, muchos temerarios han perdido ya la vida, y ser铆a l谩stima que esos hermosos ojos no volvieran a ver la luz m谩s.

Pero el joven la contest贸:

-Aunque me sucediera otra cosa peor, quisiera saberlo, pues ese es el motivo de mi viaje.

No dej贸 descansar a nadie en la posada hasta que le dijeron que no lejos de all铆 hab铆a un castillo arruinado, donde podr铆a saber lo que era miedo con solo pasar en 茅l tres noches.

El rey hab铆a ofrecido por mujer a su hija, que era la doncella m谩s hermosa que hab铆a visto el sol, al que quisiese hacer la prueba. En el castillo hab铆a grandes tesoros, ocultos que estaban guardados por los malos esp铆ritus, los cuales se descubr铆an entonces, y eran suficientes para hacer rico a un pobre. A la ma帽ana siguiente se present贸 el joven al rey, dici茅ndole que si se lo permit铆a pasar铆a tres noches en el castillo arruinado.

El rey le mir贸 y como le agradase, le dijo:

-Puedes llevar contigo tres cosas, con tal que no tengan vida, para quedarte en el castillo.

El joven le contest贸:

-Pues bien, concededme llevar le帽a para hacer lumbre, un torno y un tajo con su cuchilla.

El rey le dio todo lo que hab铆a pedido. En cuanto fue de noche entr贸 el joven en el castillo, encendi贸 en una sala un hermoso fuego, puso al lado el tajo con el cuchillo, y se sent贸 en el torno.

-¡Ah!, ¡si me ense帽aran lo que es miedo!, dijo; pero aqu铆 tampoco lo aprender茅.

Hacia media noche se puso a atizar el fuego y cuando estaba soplando oy贸 de repente decir en un rinc贸n:

-¡Miau!, ¡miau!, ¡fr铆o tenemos!

-Locos, exclam贸, ¿por qu茅 grit谩is?, si ten茅is fr铆o, venid, sentaos a la lumbre, y calentaos.

Y apenas hubo dicho esto, vio dos hermosos gatos negros, que se pusieron a su lado y le miraban con sus ojos de fuego; al poco rato, en cuanto se hubieron calentado, dijeron:

-Camarada, ¿quieres jugar con nosotros a las cartas?

-¿Por qu茅 no?, les contest贸; pero ense帽adme primero las patas.

-Entonces extendieron sus manos.

-¡Ah!, les dijo, ¡qu茅 u帽as tan largas ten茅is!, aguardad a que os las corte primero.

Entonces los cogi贸 por los pies, los puso en el tajo y los asegur贸 bien por las patas.

-Ya os he visto las u帽as, les dijo, ahora no tengo ganas de jugar.

Los mat贸 y los tir贸 al agua. Pero a poco de haberlos tirado, iba a sentarse a la lumbre, cuando salieron de todos los rincones y rendijas una multitud de gatos y perros negros con cadenas de fuego; eran tantos en n煤mero que no se pod铆an contar; gritaban horriblemente, rodeaban la lumbre, tiraban de 茅l y le quer铆an ara帽ar. Los mir贸 un rato con la mayor tranquilidad, y as铆 que se incomod贸 cogi贸 su cuchillo, exclamando:

-Marchaos, canalla.

Y se dirigi贸 hacia ellos.

Una parte escap贸 y a la otra la mat贸 y la ech贸 al estanque. En cuanto concluy贸 su tarea se puso a soplar la lumbre y volvi贸 a calentarse. Y apenas estuvo sentado, comenzaron a cerr谩rsele los ojos y tuvo ganas de dormir. Mir贸 a su alrededor, y vio en un rinc贸n una hermosa cama.

-Me viene muy bien, dijo.

Y se ech贸 en ella.

Pero cuando iban a cerr谩rsele los ojos, comenz贸 a andar la cama por s铆 misma y a dar vueltas alrededor del cuarto.

-Tanto mejor, dijo, tanto mejor.

Y la cama continu贸 corriendo por los suelos y escaleras como si tiraran de ella seis caballos. Mas de repente cay贸, qued谩ndose 茅l debajo y sintiendo un peso como si tuviera una monta帽a encima, pero levant贸 las colchas y almohadas y se puso en pie diciendo:

-No tengo ganas de andar.

Se sent贸 junto al fuego y se durmi贸 hasta el otro d铆a. El rey vino a la ma帽ana siguiente, y como le vio ca铆do en el suelo crey贸 que los espectros hab铆an dado fin con 茅l y que estaba muerto. Entonces dijo:

-¡Qu茅 lastima de hombre!, ¡tan buen mozo!

El joven al o铆rle, se levant贸 y le contest贸:

-A煤n no hay por qu茅 tenerme l谩stima.

El rey, admirado, le pregunt贸 c贸mo le hab铆a ido.

-Muy bien, le respondi贸, ya ha pasado una noche, las otras dos vendr谩n y pasar谩n tambi茅n.

Cuando volvi贸 a la casa le mir贸 asombrado el posadero:

-Tem铆a, dijo, no volverte a ver vivo; ¿sabes ya lo que es miedo?

-No, contest贸, todo es in煤til, si no hay alguien que quiera ense帽谩rmelo.

A la segunda noche fue de nuevo al castillo, se sent贸 a la lumbre, y comenz贸 su vieja canci贸n:

-¿Qui茅n me ense帽a lo que es miedo?

A la media noche comenzaron a o铆rse ruidos y golpes, primero d茅biles, despu茅s m谩s fuertes, y por 煤ltimo cay贸 por la chimenea con mucho ruido la mitad de un hombre, qued谩ndose delante de 茅l.

-Hola, exclam贸, todav铆a falta el otro medio, esto es muy poco.

Entonces comenz贸 el ruido de nuevo: parec铆a que tronaba, y se ven铆a el castillo abajo y cay贸 la otra mitad.

-Espera, le dijo, encender茅 un poco el fuego.

Apenas hubo concluido y mir贸 a su alrededor, vio que se hab铆an unido las dos partes, y que un hombre muy horrible se hab铆a sentado en su puesto.

-Nosotros no hemos apostado, dijo el joven, el banco es m铆o.

El hombre no le quiso dejar sentar, pero el joven le levant贸 con todas sus fuerzas y se puso de nuevo en su lugar. Entonces cayeron otros hombres uno despu茅s de otro, que cogieron nueve huesos y dos calaveras y se pusieron a jugar a los bolos. El joven, alegr谩ndose, les dijo:

-¿Puedo ser de la partida?

-S铆, si tienes dinero.

-Y bastante, les contest贸, pero vuestras bolas no son bien redondas.

Entonces cogi贸 una calavera, la puso en el torno y la redonde贸.

-As铆 est谩n mejor, les dijo; ahora vamos.

Jug贸 con ellos y perdi贸 alg煤n dinero; mas en cuanto dieron las doce todo desapareci贸 de sus ojos. Se ech贸 y durmi贸 con la mayor tranquilidad. A la ma帽ana siguiente fue el rey a informarse.

-¿C贸mo lo has pasado?, le pregunt贸.

-He jugado y perdido un par de pesetas, le contest贸.

-¿No has tenido miedo?

-Por el contrario, me he divertido mucho. ¡Ojal谩 supiera lo que es miedo!

A la tercera noche se sent贸 de nuevo en su banco y dijo incomodado:

-¿Cu谩ndo sabr茅 lo que es miedo?

En cuanto comenz贸 a hacerse tarde se le presentaron seis hombres muy altos que tra铆an una caja de muerto.

-¡Ay!, les dijo, este es de seguro mi primo, que ha muerto hace un par de d铆as.

Hizo se帽al con la mano y dijo:

-Ven, primito, ven.

Pusieron el ata煤d en el suelo, se acerc贸 a 茅l y levant贸 la tapa; hab铆a un cad谩ver dentro. Le tent贸 la cara, pero estaba fr铆a como el hielo.

-Espera, dijo, te calentar茅 un poco.

Fue al fuego, calent贸 su mano, y se la puso en el rostro, pero el muerto permaneci贸 fr铆o. Entonces le cogi贸 en brazos, le llev贸 a la lumbre y le puso encima de s铆 y le frot贸 los brazos para que la sangre se le pusiese de nuevo en movimiento. Como no consegu铆a nada, se le ocurri贸 de pronto:

-Si me meto con 茅l en la cama, se calentar谩.

-Se llev贸 al muerto a la cama, le tap贸 y se ech贸 a un lado. Al poco tiempo estaba el muerto caliente y comenz贸 a moverse. Entonces, dijo el joven:

-Mira, hermanito, ya te he calentado.

Pero el muerto se levant贸 diciendo:

-Ahora quiero estrangularte.

-¡Hola!, le contest贸, ¿son esas las gracias que me das? ¡Pronto volver谩s a tu caja!

Le cogi贸, le meti贸 dentro de ella y cerr贸; entonces volvieron los seis hombres y se le llevaron de all铆.

-No me asustar谩n, dijo; aqu铆 no aprendo yo a ganarme la vida.

Entonces entr贸 un hombre que era m谩s alto que los otros y ten铆a un aspecto horrible, pero era viejo y ten铆a una larga barba blanca.

-¡Ah, malvado, pronto sabr谩s lo que es miedo, pues vas a morir!

-No tan pronto, contest贸 el joven.

-Yo te quiero matar, dijo el hechicero.

-Poco a poco, eso no se hace tan f谩cilmente, yo soy tan fuerte como t煤 y mucho m谩s todav铆a.

-Eso lo veremos, dijo el anciano; ven, probaremos.

Entonces le condujo a un corredor muy oscuro, junto a una fragua, cogi贸 un hacha y dio en un yunque, que meti贸 de un golpe en la tierra.

-Eso lo hago yo mucho mejor, dijo el joven.

Y se dirigi贸 a otro yunque; el anciano se puso a su lado para verle, y su barba tocaba en la bigornia. Entonces cogi贸 el joven el hacha, abri贸 el yunque de un golpe y clav贸 dentro la barba del anciano.

-Ya eres m铆o, le dijo, ahora morir谩s t煤.

Entonces cogi贸 una barra de hierro y comenz贸 a pegar con ella al anciano hasta que comenz贸 a quejarse y le ofreci贸, si le dejaba libre, darle grandes riquezas. El joven solt贸 el hacha y le dej贸 en libertad. El anciano le condujo de nuevo al castillo y le ense帽贸 tres cofres llenos de oro, que hab铆a en una cueva.

-Una parte es de los pobre, la otra del rey y la tercera tuya.

Entonces dieron las doce y desapareci贸 el esp铆ritu, quedando el joven en la oscuridad.

-Yo me las arreglar茅, dijo.

Empez贸 a andar a tientas, encontr贸 el camino del cuarto y durmi贸 all铆 junto a la lumbre. A la ma帽ana siguiente volvi贸 el rey y le dijo:

-Ahora ya sabr谩s lo que es miedo.

-No, le contest贸, no lo s茅; aqu铆 ha estado mi primo muerto y un hombre barbudo que me ha ense帽ado mucho dinero, pero no ha podido ense帽arme lo que es miedo. Entonces le dijo el rey:

-T煤 has desencantado el castillo y te casar谩s con mi hija.

-Todo eso est谩 bien, le contest贸; pero sin embargo, a煤n no s茅 lo que es miedo.

Entonces sacaron todo el oro de all铆 y celebraron las bodas, pero el joven rey, aunque amaba mucho a su esposa y estaba muy contento, no dejaba de decir:

-¿Qui茅n me ense帽ar谩 lo que es miedo?, ¿qui茅n me ense帽ar谩, etc.?

Esto disgust贸 al fin a su esposa y dijo a sus doncellas:

-Voy a procurar ense帽arle lo que es miedo.

Fue al arroyo que corr铆a por el jard铆n y mand贸 traer un cubo entero lleno de peces. Por la noche cuando dorm铆a el joven rey, levant贸 su esposa la ropa y puso el cubo lleno de agua encima de 茅l, de manera que los peces al saltar, dejaban caer algunas gotas de agua. Entonces despert贸 diciendo.

-¡Ah!, ¿qui茅n me asusta?, ¿qui茅n me asusta, querida esposa? Ahora s茅 ya lo que es miedo.

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