Cuatro poemas de Edgar Allan Poe - Amantes de la literatura

Novedades

6.16.2023

Cuatro poemas de Edgar Allan Poe



El valle de la inquietud

Hubo aqu铆 un valle anta帽o, callado y sonriente,
donde nadie habitaba:
parti茅ronse las gentes a la guerra,
dejando a los luceros, de ojos dulces,
que velaran, de noche, desde azuladas torres,
las flores, y en el centro del valle, cada d铆a,
la roja luz del sol se posaba, indolente.
Mas ya quien lo visite advertir铆a
la inquietud de ese valle melanc贸lico.
No hay en 茅l nada quieto,
sino el aire, que ampara
aquella soledad de maravilla.
¡Ah! Ning煤n viento mece aquellos 谩rboles,
que palpitan al modo de los helados mares
en torno de las H茅bridas brumosas.
¡Ah! Ning煤n viento arrastra aquellas nubes,
que crujen levemente por el cielo intranquilo,
turbadas desde el alba hasta la noche,
sobre las violetas que all铆 yacen,
como ojos humanos de mil suertes,
sobre ondulantes lirios,
que lloran en las tumbas ignoradas.
Ondulan, y de sus fragantes cimas
cae eterno roc铆o, gota a gota.
Lloran, y por sus tallos delicados,
como alj贸far, van l谩grimas perennes.

El palacio encantado

En el m谩s verde de nuestros valles,
habitado por buenos 谩ngeles,
en otro tiempo un bello y se帽orial palacio,
un palacio radiante, alzaba su cabeza.
¡En los dominios del monarca Pensamiento,
all铆 se levantaba!
Jam谩s un seraf铆n tendi贸 sus alas
sobre una fabricaci贸n ni la mitad de bella!
Banderas gloriosas, doradas,
en su techo ondeaban y flotaban
[esto, todo esto, sucedi贸 en los tiempos
de anta帽o, hace ya mucho],
y cuanta brisa gentil jugueteaba,
en aquella 茅poca amable,
por las p谩lidas y empenachadas murallas,
un alado aroma se llevaba.
Quienes andaban por aquel feliz valle
ve铆an por dos ventanas luminosas
esp铆ritus que se mov铆an musicalmente,
obedeciendo a un la煤d bien afinado,
alrededor de un trono en que, sentado,
Porfirinogeno,
en pompa af铆n con su gloria,
de aquel reino aparec铆a como gobernante.
Y toda refulgente con perlas y rub铆es
ve铆ase la bella puerta del palacio,
por la que penetraba fluyendo, fluyendo, fluyendo
y centelleando eternamente,
una tropa de ecos, cuyo dulce deber
no era sino cantar
con voces de belleza excepcional
el ingenio y la sabidur铆a de su rey.
Mas seres de maldad, con t煤nicas de aflicci贸n,
asaltaron la elevada grandeza del monarca
[¡ah, lament茅monos, pues nunca la ma帽ana
amanecer谩 desolada sobre 茅l!]
y en torno a su casa la gloria
que se sonrojaba y florec铆a
no es m谩s que una historia vagamente recordada
de los antiguos tiempos sepultados.
Y ahora los viajeros en aquel valle ven
por las ventanas iluminadas de rojo
vastas formas que se mueven fant谩sticamente
al ritmo de una  melod铆a discordante,
mientras, como un r谩pido r铆o fantasmal,
a trav茅s de la p谩lida puerta
una horrible multitud sin cesar se abalanza
y r铆e... ya sin sonre铆r.

La durmiente

A la medianoche, en la casa de junio, suave y bruna,
Permanec铆 de pie bajo aquella m铆stica luna.
Un vapor embriagante, somnoliento,
Exhalaba sobre el valle su encantamiento,
Fluyendo gota a gota, suavemente,
Sobre la cresta calma del monte,
Robaba el delicado sopor musical
De aquel profundo del valle universal.
El romero crece sobre la tumba,
El lirio corre sobre la marea;
Envolviendo la niebla a茅rea,
Y las ruinas descansan juntas.
¡Mirad! Semejante al Leteo duerme el lago,
Un reposo sin tregua en su mundo so帽ado;
Y del sopor consciente no quiere despertar,
¡Toda la belleza duerme!
All铆 donde sue帽a Irene,
Sola con su destino.
¡Oh, Dama brillante! ¿Puede ser real
Esta ventana abierta hacia la noche?
Los aires furiosos, desde la copa de los 谩rboles
R铆en a trav茅s del tr茅mulo cristal.
El aire descarnado, camino del hechizo,
Atraviesa la habitaci贸n con paso herido;
Ondeando las cortinas violentamente
-Tan terriblemente-
Abatiendo el fr铆o marco cerrado,
Donde tu alma durmiente yace oculta.
Por el suelo y sobre los gastados muros,
Como fantasmas bailan las sombras.
¡Oh, querida Se帽ora! ¿Acaso no temes?
¿Porqu茅 permaneces aqu铆 so帽ando?
De seguro puedes viajar hacia el mar lejano,
Una maravilla para estos 谩rboles cansados.
¡Extra帽a es tu palidez! Extra帽o es tu vestido,
Pero sobre todo, extra帽a es tu delgada forma
En esta silenciosa y solemne hora.
¡La Se帽ora duerme! ¡Oh, tal vez duerma
Un sue帽o perdurable, profundo!
El cielo te conserva en su santo seno,
Y este cuarto se ha hecho eterno,
Este lecho ha crecido, prof茅tico.
Ruego a Dios que ella pueda reposar
Por siempre con los ojos cerrados,
Mientras su p谩lido fantasma pasa a mi lado.
¡Mi Amor! ¡Ella duerme! ¡Oh, tal vez duerma
Un sue帽o interminable, incorrupto!
¡Piadosos ser谩n los gusanos con su carne!
Lejos en el bosque, oscuro y viejo,
Tal vez las bisagras de su cripta se abran,
Una b贸veda que a menudo absorbe la noche,
Y las negras alas al amanecer volver谩n,
Triunfantes sobre la p谩lida cresta,
Reina de una familia sepulcral.
Algunas criptas, remotas, distantes,
Cuyas puertas fueron abatidas por su mano de ni帽a,
Lanzando en la infancia inocentes piedras;
Algunas tumbas, de cuyas s贸rdidas grietas
Ella nunca volver谩 a escuchar los ecos,
¡Es horrible pensar en los pobres ni帽os del pecado!
Pues fueron los muertos quienes te llamaron.

Un sue帽o dentro de un sue帽o

¡Toma este beso sobre tu frente!
Y, me despido de ti ahora,
No queda nada por confesar.
No se equivoca quien estima
Que mis d铆as han sido un sue帽o;
A煤n si la esperanza ha volado
En una noche, o en un d铆a,
En una visi贸n, o en ninguna,
¿Es por ello menor la partida?
Todo lo que vemos o imaginamos
Es s贸lo un sue帽o dentro de un sue帽o.
Me paro entre el bramido
De una costa atormentada por las olas,
Y sostengo en mi mano
Granos de la dorada arena.
¡Qu茅 pocos! Sin embargo como se arrastran
Entre mis dedos hacia lo profundo,
Mientras lloro, ¡Mientras lloro!
¡Oh, Dios! ¿No puedo aferrarlos
Con m谩s fuerza?
¡Oh, Dios! ¿No puedo salvar
Uno de la implacable marea?
¿Es todo lo que vemos o imaginamos
Un sue帽o dentro de un sue帽o?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todos los comentarios son revisados antes de su publicaci贸n por el administrador.