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8.14.2024

El escritor de tristezas



"Hombre descarriado por la soledad
y n谩ufrago de s铆 mismo, t铆mido y 
genial al mismo tiempo, Julio Ram贸n 
Ribeyro vivi贸 y escribi贸 con el temor 
a la obra perfecta, a la obra acabada".

Al caminar por el bulevar Saint-Michel de Par铆s, el escritor Julio Ram贸n Ribeyro se daba cuenta de que su andar no solo determinaba la marcha de las personas que ven铆an inmediatamente hacia 茅l, oblig谩ndolas a esquivarlo, sino tambi茅n la de aquellos que se encontraban a cinco, diez o cien manzanas m谩s lejos. Bastaba con que modificara su paso o se detuviera ante un escaparate para que toda la circulaci贸n de peatones sufriera una modificaci贸n aparentemente 铆nfima pero cuyas repercusiones eran literalmente infinitas. Un movimiento de aceleraci贸n o de retraso pod铆a provocar que, a cinco manzanas de all铆, un peat贸n perdiera una luz verde y tuviera que esperar el paso de los autom贸viles o, peor a煤n, fuera atropellado por un coche. Pero tambi茅n se dio cuenta de que, a su vez, su andar estaba determinado por el de las personas con las que se cruzaba o tropezaba, y comprendi贸 que, en realidad, si bien en parte dirig铆a, tambi茅n era dirigido.

El d铆a en que constat贸 todo esto, Ribeyro lleg贸 a su casa pregunt谩ndose qui茅n era, en suma, el que determinaba este complejo sistema de movimientos en una ciudad: "¿Aquel que madruga y fue el primero en poner los pies fuera de su casa?". Anot贸 la pregunta en su magistral diario personal ("La tentaci贸n del fracaso", reci茅n publicado por Seix Barral). Ya hab铆a registrado muchas m谩s preguntas antes. Escrib铆a su diario, entre otras cosas, porque le preocupaba el problema de su propia identidad, el de reconocerse en el tiempo siempre como la misma persona. Ribeyro trataba de salvar su identidad con el diario, "salvarla de los avatares de una vida morosa, dispersa y vagabunda.

Para ser m谩s expl铆cito, yo me niego a reconocer como mi persona al se帽or que llevaba mi nombre y que vivi贸 un a帽o en Amberes o al que a帽os m谩s tarde vivi贸 en Berl铆n, en una pensi贸n siniestra. Me parece que eran otras personas, unos usurpadores de mi apariencia". Vivi贸 en Amberes, Berl铆n, Madrid, Hamburgo, M煤nich, sobre todo en Par铆s, y luego regres贸 a Lima, de donde hab铆a salido. Conoci贸 muchos d铆as de lluvia, muchos d铆as extra帽os. Hab铆a d铆as en que la gente lo miraba. "Como no soy guapo, debo ser horriblemente feo". Lo realmente extra帽o es que anotara esto en su diario, precisamente 茅l, que se pasaba la mitad de su vida (tal como ha contado Santiago Gamboa) sentado en las terrazas, en especial cuando estaba en Par铆s, observando a la gente, a la que luego trasladaba en cuerpo y alma a sus extraordinarios cuentos sobre personajes desdichados, sin energ铆a, individualistas y marginados: solitarios hallados en los bulevares perif茅ricos de la vida.

N谩ufrago de s铆 mismo y escritor de tristezas, vivi贸 y escribi贸 con el temor a la obra perfecta, a la obra acabada. Y de este desasosiego art铆stico es testigo el magistral diario que ahora se publica: diario de fatigas de esa figura fr谩gil y, al mismo tiempo, poderosa de los bulevares que fue Ribeyro, un escritor que se val铆a con eficacia de una prosa capaz, por s铆 sola, de mirar con quietud desde la terraza de un caf茅, pero tambi茅n de modificar el ritmo del mundo. Ribeyro, t铆mido y genial al mismo tiempo, y hombre descarriado —como 茅l mismo dec铆a— por la soledad y por la desolaci贸n cotidiana de sentarse frente a su m谩quina de escribir tristezas.

Por: Enrique Vila-Matas - "La frontera propia" (13-11-2003).

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